El discurso de Mark Carney, presidente de Canadá, en la reunión del World Economic Forum anual de Davos sintetiza una inquietud reciente entre los países desarrollados: la incertidumbre estratégica derivada de la evolución de la política exterior estadounidense y la percepción de que el respaldo de Washington ya no puede darse por garantizado.
“Ya no dependemos únicamente de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza”, expuso Carney. Más allá de la retórica, para Canadá, como para los países europeos, Japón o Corea del Sur, la defensa de sus intereses nacionales y la resiliencia económica pasan a ser prioridades explícitas. Esto pasa por afianzar alianzas tradicionales y por buscar nuevos acuerdos selectivos con terceros países, incluso cuando no exista plena convergencia, siempre que haya coincidencia de intereses materiales.
Carney descartó la idea de un retorno al pasado. “Sabemos que el antiguo orden no volverá. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia”. La frase refleja un diagnóstico profundo más que coyuntural. Incluso aunque la siguiente Administración estadounidense adopte posiciones más atlantistas, la percepción de que su compromiso es reversible se está asentando entre otros actores avanzados.
Esta percepción también altera potencialmente la capacidad que…
