Entonces vuelven a aparecer en los telediarios y primeras páginas de los periódicos, si no los mismos tópicos, otros parecidos a los difundidos en ocasiones anteriores.
Han transcurrido varias semanas desde la última crisis pesquera entre Canadá y la flota de la Unión Europea (UE) en aguas internacionales del Atlántico noroeste, reguladas por el Derecho internacional del mar.
Se ha vertido mucha tinta sobre este acontecimiento y tampoco han faltado estridentes declaraciones políticas y técnicas sobre el incidente, aunque todavía se desconozcan las últimas consecuencias, mientras no adopte una decisión el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya.
Pero, al menos, los ánimos se han serenado en parte, de forma que puede abordarse esta cuestión de las crisis pesqueras, tan espinosa como interesante, con la debida perspectiva y con el propósito de intentar contestar a esas preguntas que, tras cada conflicto, quedan pendientes.
En primer lugar, creo conveniente hacer algunas consideraciones sobre la pesca, comparándola con otras actividades económicas, probablemente más conocidas por la mayoría de los ciudadanos.
¿Acaso en las demás actividades económicas no surgen también crisis de vez en cuando? A nadie le sorprende enterarse de que hay un problema en el sector agrario o industrial,…

Ser competitivo en la era digital