Según la mitología griega, la ninfa Tetis zambulló a su recién nacido hijo Aquiles en las aguas de la laguna Estigia para que consiguiera la inmortalidad. Sin embargo, para sumergirlo lo agarró por el talón, que quedó fuera del agua y permaneció, por tanto, vulnerable. Años más tarde, durante la guerra de Troya, Aquiles fue abatido por una flecha que le atravesó, precisamente, el talón frágil. El mito nos lega la metáfora del lugar inesperadamente débil, una pequeña parte del cuerpo, que de ser atacada causa el mismo efecto que si se hubiera alcanzado el corazón.
Pocos lugares de la vasta frontera que Europa comparte con Rusia encajan tanto con la imagen del talón de Aquiles como el corredor Suwalki, una franja fronteriza de apenas 70 kilómetros que separa Polonia y Lituania. Esta región, escasamente poblada (15 habitantes por kilómetro cuadrado), y que en principio evoca casi exclusivamente el Tratado de Suwalki de 1920, que alumbró los nuevos Estados de Polonia y Lituania tras la disolución del Imperio ruso, es sin duda una gran desconocida para el ciudadano de a pie de Europa occidental. Pero para los miembros orientales de la Unión Europea y la Alianza Atlántica, el corredor representa la clave de la seguridad frente a Rusia.
«Pocos lugares de la vasta frontera que Europa comparte con Rusia representan tanta vulnerabilidad como el corredor Suwalki»
Los 70 kilómetros de frontera son el único paso terrestre que conecta los Estados bálticos –Lituania, Letonia y Estonia– con el resto de los aliados europeos. A ambos lados del cuello de botella se encuentra el enemigo: al este, Bielorrusia, país con un régimen títere del Kremlin; al oeste, la propia Rusia en su óblast de Kaliningrado, una región fuertemente militarizada que cuenta con 15.000 soldados, misiles balísticos y sistemas antiaéreos y que es una punta de lanza directamente orientada hacia el corazón de Europa.
En su ambición por recuperar territorios de la antigua Unión Soviética en el este de Europa, Vladímir Putin tiene sin duda en el punto de mira los Estados bálticos. En un escenario de ofensiva rusa, el corredor Suwalki constituiría el principal punto de vulnerabilidad terrestre para Europa. Desde Kaliningrado y a través de Bielorrusia, Rusia podría desplegar fuerzas para cortar la conexión terrestre entre los Estados bálticos y el resto de los aliados de la OTAN y la Unión Europea. Solo dos carreteras y una única vía férrea atraviesan el corredor. Tomando Suwalki y bloqueando estas líneas de comunicación, Lituania, Letonia y Estonia quedarían totalmente aisladas, a merced del enemigo y sin posibilidad de que tropas de apoyo enviadas por la OTAN accedieran por tierra. De conquistar las repúblicas bálticas, Rusia incrementaría sus kilómetros de costa en el Mar Báltico y podría amenazar directamente a Suecia, Alemania, Dinamarca y Finlandia.
«Para los miembros orientales de la Unión Europea y de la OTAN, el corredor Suwalki representa la clave de la seguridad frente a Rusia»
Las acciones de Rusia en torno a la franja en los últimos años invitan a pensar que su conquista no es una mera fantasía de Vladímir Putin, sino un objetivo militar altamente deseado. Ya en 2023, Lituania y Polonia advirtieron sobre movimientos de tropas del grupo Wagner del lado bielorruso de la frontera. La descomposición del grupo paramilitar ruso tras la fallida rebelión de su líder Yevgeny Prigozhin, no supuso el fin de la amenaza. En septiembre de 2025, el primer ministro polaco Donald Tusk denunció maniobras militares conjuntas, esta vez entre los ejércitos ruso y bielorruso, en las inmediaciones de la franja, tras lo cual procedió a anunciar el cierre de la frontera entre Polonia y Bielorrusia. Pero la OTAN tiene todavía mucho que hacer respecto a la defensa del corredor.
«La geografía agreste de la franja constituye una buena defensa natural, por lo que en los últimos años apenas se ha invertido en su fortificación»
De momento, la geografía agreste de la franja –colinas, espesos bosques, inviernos de 20 grados bajo cero, diversos lagos y terrenos que las lluvias frecuentes tienden a convertir en barrizales– constituye una buena defensa natural, por lo que en los últimos años apenas se ha invertido en su fortificación. En abril de 2025, Lituania anunció un plan para crear nuevas carreteras, reforzar las vías críticas y levantar ocho puentes nuevos. Al tiempo, se estudian maneras de reforzar la fortificación de la frontera con Bielorrusia y Kaliningrado. Para ello se necesita movilizar una ingente cantidad de recursos y, si bien diferentes países de la Unión Europea están contribuyendo a la obra, aún se considera una responsabilidad bilateral de los Estados interesados, Lituania y Polonia.
Verla terminada todavía llevará mucho tiempo, un tiempo que Europa no puede permitirse perder. Rusia ya orquestó una invasión relámpago en el pasado (la de Crimea, en 2014) que pilló a Europa por sorpresa. Quizá con Suwalki, Putin planee hacer lo mismo. La OTAN se enfrentaría entonces al dilema de activar el artículo 5 por un lejano corredor difícil de recuperar, especialmente una vez que los rusos se hicieran con el control del terreno.
