POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 46

El fundamentalismo en el poder

Estados Unidos ha iniciado conversaciones con los militantes islámicos de Argelia, el FIS. Pero no es más que una ilusión pensar que alguien puede negociar con los fundamentalistas islámicos y que el FIS moderado existe?. Una Argelia fundamentalista podría parecerse mucho al actual Irán.
Edward. G. Shirley
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¿Se puede negociar con los fundamentalistas islámicos?

Estados Unidos está en vías de responder a esta pregunta de la que puede depender el futuro de las relaciones occidentales con el mundo musulmán. A finales de 1993, diplomáticos norteamericanos iniciaron discretamente conversaciones con Anwar Haddam, representante en Washington del Frente Islámico de Salvación argelino (FIS). Al establecer contactos con Haddam y con otros militantes del FIS, la administración Clinton empezó un nuevo experimento cuyas implicaciones pueden llegar a tener un gran alcance: el contacto diplomático norteamericano con fundamentalistas con una base social fuerte y, potencialmente, el poder de derribar regímenes.

Es demasiado pronto para decir si el experimento se convertirá en una línea política. La administración Clinton podría perder interés en Argelia, un país con pocos lazos históricos con EE UU. Más importante es el hecho de que esa política puede ser demasiado teórica para resistir las vicisitudes de la guerra. Los enfrentamientos diarios entre el ejército y los militantes argelinos son sangrientos. Aunque el FIS es menos culpable que el ejército, es indudable que también ha participado en la matanza. La violencia espantosa, indiscriminada y cada vez más intensa podría echar por tierra en cualquier momento un intento de diálogo. Pero hay razones para creer que Washington va a seguir interesado. La mayor parte de los especialistas en Argelia, incluidos (en privado) los funcionarios norteamericanos, se hacen eco de la predicción de The Economist: “El régimen argelino en el poder caerá probablemente antes que después. El radicalismo islámico habrá ganado entonces su segundo Estado árabe –Sudán fue el primero en 1989– y la victoria más importante desde que el ayatolá Ruholá Jomeini derrocó al sha de Irán en 1979. Si no se le planta cara, el extremismo argelino podría hacer daño en todo Oriente Próximo”.

Si el régimen argelino…

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