Tras la firme oposición mostrada por los aliados europeos a sus planes de anexionarse Groenlandia, Donald Trump renunció a métodos expeditivos para hacerse con el control de la isla. Lo hizo, sin embargo, a cambio del compromiso del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, de que Dinamarca renegociará el tratado bilateral de 1951 para ampliar el acceso estadounidense al territorio groenlandés, previsiblemente con carácter permanente y sin restricciones operativas.
El tratado actual ya permite al Pentágono instalar puertos, pistas de aterrizaje, estaciones de radar, sistemas de defensa antiaérea y no fija límites al personal militar. La diferencia es que la renegociación apuntaría a un margen de autonomía estadounidense mucho mayor.
Según recordó Emmanuel Macron al Financial Times y Le Monde, la amenaza que pesa sobre Groenlandia no ha desaparecido y que, ante la agresión, el apaciguamiento sirve de poco. En caso de invasión, los soldados daneses deben entrar en combate sin esperar órdenes, según una directiva de 1952 aún en vigor.
La condición territorial que Groenlandia comparte con la Polinesia francesa o las Antillas neerlandesas en la legislación comunitaria plantea dudas sobre si la isla está cubierta o no por la cláusula de defensa colectiva de la…
