POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 45

Las relaciones diplomáticas Santa Sede-Estado de Israel

Israel y la Santa Sede firmaron el 30 de diciembre de 1993 un acuerdo histórico que llevó a su mutuo reconocimiento y al establecimiento de relaciones diplomáticas. El autor analiza el background histórico de las relaciones, el papel de la Iglesia Católica en el proceso de paz para Oriente Próximo y el diálogo entre los cristianos y los judíos.
Samuel Hadas
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Un lacónico comunicado, publicado simultáneamente en

Jerusalén y en el Vaticano el 15 de junio de 1994, anuncia-
ba al mundo el establecimiento de relaciones diplomáti-
cas plenas entre la Santa Sede y el Estado de Israel. Con
la presentación de las cartas credenciales del primer embajador de
Israel a Su Santidad el Papa Juan Pablo II, a fines del mes de sep-
tiembre siguiente (el nuncio apostólico, arzobispo Andrea Cordero
Lanza di Montezemolo había entregado las suyas al presidente de
Israel unas semanas antes) culmina un largo proceso cuyo punto
de referencia sobresaliente sería la aprobación por el Concilio Vati-
cano II en octubre de 1965 de la declaración Nostra Aetate.El Concilio Vaticano II,
indudablemente uno de los actos de
mayor relevancia de la Iglesia católica en nuestro siglo, decide, en-
tre otras cosas, asumir nuevas actitudes respecto a su difícil rela-
ción con el pueblo judío, iniciándose así para la Iglesia un período
de toma de conciencia en el que intenta superar un pasado no muy
lejano de historias trágicas, resentimientos y recelos, lleno de pre-
juicios mutuamente alimentados durante siglos a raíz de la con-
ducta de la Iglesia hacia los judíos.La declaración Nostra Aetate adquiere especial trascendencia
al ser su propósito más importante poner fin a la secular enseñan-
za de que los judíos son culpables de deicidio, al rechazar la doc-
trina según la cual sobre ellos pesaba la acusación colectiva por la
crucifixión de Cristo. Nostra Aetate declara que “aunque las auto-
ridades de los judíos con sus seguidores reclamaron la muerte de
Cristo, sin embargo, lo que en su pasión se hizo no puede ser impu-
tado, ni indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni
a los judíos de hoy”.Después de haber definido hasta dónde llegará nuestra misión
de reconciliación con…

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