Aún más que en el pasado, en esta nueva etapa que se inicia, la sociedad debe ser a la vez protagonista y sujeto de la construcción europea y situar al ciudadano en el centro de tal construcción. En este proceso no sólo debemos crear instituciones administrativas y políticas que funcionen y sean legítimas, sino también elaborar un espacio cívico europeo, “crear sociedad” europea. Esto es algo que normalmente se plantea al final de toda reflexión sobre el futuro de Europa. Sin embargo, debe ahora ser un punto de partida.
España defendió con ahínco el desarrollo del concepto de ciudadanía europea en el tratado de Unión Europea. En la próxima conferencia intergubernamental queremos seguir impulsándolo como parte esencial del contenido democrático de Europa. Es un elemento cohesionador, aunque no siempre bien percibido aún, pues algunos ven –equivocadamente– este concepto en competencia con el de ciudadanía nacional y desde el prisma de unas preocupaciones que se ven alimentadas por temores sobre la abolición de las fronteras interiores de la Unión y la libre circulación de personas. Por ello, el desarrollo de la ciudadanía europea debe ir acompañado también de un reforzamiento de la lucha en común en la Unión contra la criminalidad organizada –como el terrorismo y el narcotráfico– y del buen control de la inmigración en beneficio de todos.
Desarrollar este concepto requiere aclarar, formalizar o reforzar los derechos que diferencian a los Estados miembros de la UE de otros países, como son la democracia, las libertades, la no existencia de la pena de muerte o el reconocimiento de algunos derechos socioeconómicos. Y todo a la vez, que es lo que caracteriza a Europa.
No basta con enunciar estos derechos y dotarlos de una codificación propia de la Unión, complementaria del Consejo de Europa y de sus mecanismos. La UE…

El Mediterráneo: cooperación y proximidad


