1.– Lo que empezó con trece colonias. Los ingleses nunca permitieron la proyección hacia el interior de sus trece colonias en la costa atlántica norteamericana. Sabían que sería imposible ejercer su dominio si los colonos “desaparecían” por las grandes praderas, y por eso impusieron como demarcación la barrera natural de los montes Apalaches. Derrotados los ingleses en 1783, EEUU iniciará su expansión territorial. Ya sea con plata (las compras de Luisiana en 1893 o de Alaska en 1867) o con plomo (la guerra contra México iniciada en 1846 y el conflicto contra España de 1898).
2.– De Monroe a Donroe. Derrotado Napoleón y con la iniciativa recobrada por las monarquías continentales, EEUU temió la resurrección del colonialismo europeo en las Américas. En 1823, el presidente James Monroe formuló la primera gran doctrina diplomática de la joven república, reclamando como zona de influencia propia todo el hemisferio americano. En su formulación original fue una declaración anti-imperialista pero también un farol estratégico, porque Washington carecía de la fuerza militar necesaria para su implementación. Con el tiempo, y los corolarios primero de Theodore Roosevelt y ahora de Donald Trump, la doctrina ha terminado convirtiéndose en una justificación para la hegemonía, intervencionismo e injerencia de EEUU en la región, incluida ahora Groenlandia.
3.– Yo lo quiero, yo lo tengo. El principal argumento utilizado por el presidente Trump es que EEUU necesita la anexión de Groenlandia por razones de seguridad nacional. Sin embargo, la realidad es que Washington ya dispone de un cheque en blanco en materia de seguridad sobre Groenlandia desde la firma en 1951 de un tratado de defensa de máxima colaboración con Dinamarca.
4.– La respuesta de Europa. El rechazo de una transacción económica por parte de Noruega y Groenlandia ha multiplicado las amenazas sobre el uso de la fuerza por parte de la Administración Trump. Varios aliados europeos han ordenado despliegues militares simbólicos en Groenlandia. El mensaje no es otro que la disputa sobre la mayor isla del mundo no es una cuestión bilateral sino multilateral, que plantea daños imposibles de ignorar para la seguridad de Europa.
5.– Guerra pero de aranceles. Trump ha anunciado nuevos aranceles del 10% a partir del 1 de febrero contra Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Gran Bretaña, los Países Bajos y Finlandia. Si no ceden en la venta de Groenlandia, esas tasas aumentarían el 1 de junio hasta el 25%. Por su parte, la Unión Europea está considerando responder a EEUU con aranceles punitivos por valor de 93.000 millones de euros. Además de invocar al denominado instrumento contra la coerción (ACI). Una herramienta diseñada originalmente para frenar la injerencia de países como China pero no contra el mayor socio de la UE y principal aliado de la OTAN.
6.– Catástrofe geopolítica. Si la guerra de Ucrania sirvió hace cuatro años para fortalecer a la OTAN, la anexión de Groenlandia amenaza ahora con su destrucción para beneficio de Rusia. Putin ha convencido a Trump de que juntos pueden hacer grandes cosas: empezando por repartirse el Ártico y acabar con la Alianza Atlántica.
