Las negociaciones entre ambas partes comenzaron en 2007, quedaron bloqueadas en 2013 y no se reanudaron hasta 2022. Durante años, las diferencias sobre acceso al mercado, estándares regulatorios, sostenibilidad o protección de sectores sensibles parecían insalvables para ambas partes.
Ahora, el contexto global ha ayudado a limar diferencias. India ha aceptado una apertura comercial sin precedentes para su economía, tradicionalmente proteccionista, con reducciones o eliminaciones arancelarias que afectan a más del 96 % de las exportaciones europeas. A cambio, la UE liberaliza casi la totalidad de sus importaciones procedentes de India. El pacto incluye concesiones graduales, cuotas en sectores sensibles como el automóvil y exclusiones claras en ámbitos agrícolas protegidos, lo que refleja un equilibrio político para los asuntos más sensibles.
Desde el punto de vista económico, el acuerdo promete beneficios tangibles para la UE. La Comisión estima un ahorro anual de unos 4.000 millones de euros en derechos de aduana y prevé que las exportaciones europeas a India se dupliquen hacia 2032. Sectores clave como el automóvil, la maquinaria, la química o el farmacéutico se beneficiarán de la reducción de aranceles que hasta ahora actuaban como barrera.
La apertura del mercado indio tiene también una dimensión cualitativa. Más allá…
