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El legado económico de Obama

JORGE DÍAZ-CARDIEL
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Para la ortodoxia económica conservadora las políticas que estimulan la demanda, keynesianas, son anatema. Pero sin ellas EE UU no sería hoy el motor económico mundial. El legado de Obama es haber devuelto la prosperidad económica al país tras la peor recesión económica desde 1929.

La victoria de Barack Obama en 2008 me ilusionó. Puse mis esperanzas en un profesor universitario especializado en Derecho Constitucional de Harvard. Sus dos libros autobiográficos Dreams of My Father y The Audacity of Hope mostraban, a mi juicio, una personalidad compleja, una mente privilegiada y abierta y con más experiencia internacional que la mayoría de políticos norteamericanos. En 2008, me pareció más relevante su actitud y su comportamiento, comenzando porque había conseguido tomar el pulso a la nación, hasta el punto de que su contrincante republicano, John McCain, no tenía posibilidades reales frente a él.

Con independencia del enorme valor simbólico de convertirse en el primer presidente afroamericano de EE UU, siempre tuve el convencimiento de que la gestión de Barack Obama pasaría a la historia.

Cuando Obama llegó a la presidencia el país estaba cansado de las guerras en Oriente Próximo y angustiado por la crisis económica, que expulsaba a 900.000 personas del mercado de trabajo cada mes. Con la Recesión a punto de convertirse en Depresión, EE UU necesitaba un presidente preparado para calmar los ánimos y recuperar la esperanza. Obama era el hombre perfecto. Y además tenía un plan detallado en su extenso programa electoral. En sus dos primeros años de mandato, Obama se convirtió –“ganando” a Lyndon B. Johnson– en el presidente con mayor índice de eficacia legislativa (97 por cien), gracias a que los demócratas controlaban el Senado y la Cámara de Representantes, igual que ahora les sucede a los republicanos.

 

Salvar la economía

Los primeros años de…

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