INFORME SEMANAL DE POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 1031

ISPE 1031. 24 abril 2017

La aprobación (522 votos contra 13) por la Cámara de los Comunes de la convocatoria de elecciones anticipadas para el 8 de junio ha sido la primera victoria de la premier británica, Theresa May, en la negociación del Brexit. Durante meses, May rechazó esa posibilidad, pero al final se ha dado cuenta de que es la mejor solución para ampliar su mayoría parlamentaria y así fortalecer su posición negociadora frente a Bruselas.

May necesita dotarse además de un plus de legitimidad política ante el traumático divorcio con el que amenaza convertirse el Brexit. A fin de cuentas, llegó al 10 de Downing Street tras la renuncia de su antecesor, David Cameron, lo que le privaba de un mandato popular cuando más lo necesita.

Aunque muy reacia a asumir riesgos innecesarios, May se hizo consciente de que esta vez, no hacer nada es el mayor de los riesgos. La alternativa era mantenerse en el cargo sin poder real. La premier sabe que el aval de las urnas reforzará su postura en cuatro frentes paralelos: ante la UE, la bancada de su propio partido, la oposición laborista y el independentismo escocés del SNP, el partido mayoritario en el Parlamento de Edimburgo.

Su decisión confirma además la hipótesis de que el proceso de divorcio va a ser largo y sembrado de minas y múltiples escollos políticos y económicos. El nuevo gobierno tendrá que tomar decisiones que, cuando menos, sumirán en el desconcierto a unos votantes a los que se les prometió otra cosa.

Ahora May dispone de una mayoría real de 17 diputados, lo que le convierte de facto en rehén de un reducido –aunque hiperactivo– grupo de diputados tories que se oponen a cualquier concesión a la UE y que desconfían de ella por su –tímido– apoyo al Remain. Gordon Brown

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