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Materias primas, especulación y cambio climático

KATTYA CASCANTE
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Las tierras de cultivo en los países tropicales se expandieron en 48.000 kilómetros cuadrados por año entre 1999 y 2008. Brasil, Etiopía, Indonesia, Nigeria y Sudán experimentaron la mayor expansión. Los beneficios económicos dominan la agenda, los impactos ambientales se subestiman.

 

La especulación financiera sobre las materias primas responde a un modelo de crecimiento económico que no es sostenible. El consumo mundial se ha multiplicado por algo mas de cinco desde los años sesenta hasta la crisis de 2008, (de 4,8 billones de dólares a 26) debido al avance tecnológico, el relativo bajo precio de la energía, nuevas estructuras empresariales, medios de comunicación (marketing comercial), el aumento de la población (de 3.000 millones de personas en 1960 a 7.400 millones en 2017) y también el efecto riqueza de las burbujas especulativas (1995-2008). Este último, ha desempeñado un papel importante en la deriva de tensiones sociales hacia cada vez más desigualdades en la distribución de la renta y en relación a la pérdida irreversible de los ecosistemas en la Tierra.

Por un lado, la especulación es fruto de la decisión unánime de que el PIB sea el indicador más habitual a la hora de medir la salud de la economía mundial. El actual modelo de desarrollo que debe erradicar la pobreza responde de un modo convencional a ello, aun sabiendo que la desigualdad precisa una atención especial sobre la distribución. Por otro lado, las burbujas especulativas sobre materias primas han incrementado la demanda de commodities# –término que se utiliza principalmente como sinónimo de materias primas, las cuales se clasifican según sus productos: metales (oro, plata, platino, cobre, aluminio, hierro, litio…); energéticos (petróleo, gas, nafta, etanol, fuel, electricidad…); soft (algodón, cacao, azúcar, café…); granos (maíz, trigo, avena, soja, cebada…); carnes y derivados (ganado vacuno, porcino, vivo, manteca, leche…) y financieros (eurodólares,…

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