POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 150

Salvar la democracia de los riesgos de la globalización

DANI RODRIK
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La crisis de 2008 ha mostrado hasta qué punto la globalización ha transformado la gobernanza y puede dañar la democracia. Un sistema económico global sano necesita Estados nacionales fuertes.

¿Cuántas veces hemos oído decir que el Estado nacional es algo del pasado? ¿Que las fronteras han desaparecido, que la distancia ha muerto, que la Tierra es plana, que nuestras identidades se han vuelto mundiales, que la política trasciende los límites nacionales, que las decisiones que dan forma a nuestra vida económica las toman ahora corporaciones multinacionales y burócratas internacionales sin rostro? Y, sin embargo, fíjense en el modo en que se han desarrollado los acontecimientos a medida que el mundo se ha sumido en la crisis financiera. ¿Quién rescató los bancos para impedir que la crisis se convirtiese en un cataclismo todavía mayor? ¿Quién inyectó la liquidez necesaria para calmar los mercados internacionales del crédito? ¿Quién estimuló la economía mundial por medio de la expansión fiscal? La respuesta a cada una de estas preguntas es la misma: los gobiernos nacionales. Puede que pensemos que vivimos en un mundo cuya gobernanza se ha visto radicalmente transformada por la globalización, pero la responsabilidad sigue recayendo en los políticos nacionales.

Esto ha sido necesario para nuestra economía. Sin embargo, somos menos conscientes de que también es bueno para la salud de nuestro sistema de gobierno. Durante demasiado tiempo se ha pasado por alto las formas en las que la globalización…

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