La alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas y el comisario europeo de Relaciones Interinstitucionales y Transparencia, Maros Sefcovic hablan con los medios de comunicación en el edificio Berlaymont el 17 de septiembre de 2025 en Bruselas, Bélgica. GETTY.

Europa ante el reajuste entre India y EEUU

Los vínculos entre Alemania e India continúan fortaleciéndose, en línea con la tendencia europea. El actual enfriamiento de la relación con Washington ofrece a Bruselas varias lecciones sobre cómo puede profundizar su cooperación con Nueva Delhi.
Barnaby Dye
 |  18 de noviembre de 2025

La proyección de Alemania hacia India ha crecido en los últimos años. En 2024, el entonces canciller Olaf Scholz visitó el país acompañado por buena parte de su gabinete, y el gobierno alemán lanzó su documento Focus on India. Estos esfuerzos han dado frutos: una asociación energética mediante la cual Alemania prestará 10.000 millones de euros para apoyar la transición verde de India; importantes empresas alemanas han invertido en nuevas operaciones en territorio indio; y numerosos programas de cooperación están llevando a 60.000 estudiantes indios a Alemania y fomentando colaboraciones científicas conjuntas.

La Unión Europea también ha identificado a India como un socio clave a futuro. En febrero, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el primer ministro indio, Narendra Modi, fijaron como plazo finales de 2025 para concluir un acuerdo comercial, cuyas negociaciones se arrastran desde 2022.

En ambos niveles, los estrategas comparten la convicción del potencial económico de India. Buena parte del renovado interés europeo tiene su origen en la preocupación por China, sus intentos de reconfigurar la gobernanza global y su dominio creciente en la región del Indo-Pacífico. Los países occidentales consideran que una India más fuerte podría limitar la influencia china en la región. También buscan nuevos socios comerciales ante los aranceles estadounidenses y episodios de coerción económica.

Una amplia gama de barreras históricas ha dificultado las relaciones: desde la rigidez burocrática hasta la falta de entendimiento mutuo. Otro desafío crucial ha sido la limitada capacidad diplomática de India y la consecuente competencia internacional por captar su atención. Durante la primera administración Trump y la posterior de Biden, las relaciones con Washington se convirtieron rápidamente en la prioridad internacional de Nueva Delhi.

El estado actual de las relaciones entre India y Estados Unidos representa, por tanto, una oportunidad para Alemania y la UE. Actuar ahora también enviaría una señal simbólica de confianza hacia el gobierno indio, lo que permitiría a Berlín ampliar y profundizar la cooperación.

Sin embargo, para aprovechar esta coyuntura, socios como Alemania y la UE deben comprender qué significó la asociación con Estados Unidos para Nueva Delhi y cómo funcionaba. La clave del éxito estadounidense fue una apuesta de largo plazo por India que no buscaba beneficios inmediatos para Washington, bajo la premisa de que una India más fuerte favorecería los intereses estratégicos de EEUU a futuro.

 

La enfriamiento entre India y Estados Unidos

Contrario a lo esperado en Delhi, las acciones del presidente Donald Trump deterioraron dos décadas de cuidadosa diplomacia entre ambos países. En primer lugar, las negociaciones comerciales iniciadas a comienzos de año mostraron una postura estadounidense inflexible en áreas políticamente y culturalmente sensibles para India, como la importación de carne vacuna alimentada con piensos estadounidenses o la protección a los agricultores locales. A esto se sumaron los aranceles impuestos por EEUU: un 25 % para India, mientras que competidores regionales como Vietnam o Bangladesh enfrentaron solo un 20 %.

Luego vino la afirmación de Trump de haber orquestado un alto el fuego entre India y Pakistán tras cuatro días de escalada en mayo, incluso ofreciendo resolver la disputa fronteriza en Cachemira. Esto cruzó una línea roja para el gobierno indio, que rechaza rotundamente cualquier mediación externa en su relación con Pakistán o en la disputa fronteriza de Cachemira. Delhi insistió en que el alto el fuego fue acordado bilateralmente.

La espiral descendente continuó cuando Trump impuso un arancel adicional del 25 % a India, justificándolo por las importaciones indias de petróleo ruso, sin sancionar a otros grandes compradores como China, Japón o Turquía. Las sanciones de octubre sobre el petróleo ruso limitarán aún más la capacidad india para diversificar sus fuentes energéticas.

En septiembre estalló otro conflicto cuando la administración Trump decidió aumentar el coste de las visas H-1B para trabajadores cualificados, de las que el 75 % beneficia a ciudadanos indios. Las remesas generadas por estos migrantes, así como las competencias que los retornados aportan al país, han sido fundamentales para India. Esto también hacía de Estados Unidos un destino atractivo para los estudiantes.

 

Las oportunidades para Europa

A pesar de las recientes declaraciones de Trump de que existe una buena sintonía entre Delhi y Washington y su intención de visitar el país próximamente, el giro en la relación India-Estados Unidos es significativo. La política exterior india del siglo XXI se ha definido por el crecimiento progresivo de sus vínculos con Washington, que resistieron cambios de administración en ambos países. India ingresó en el Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (Quad) junto a Japón y Australia para coordinar asuntos de seguridad en el Indo-Pacífico; y la inteligencia estadounidense brindó apoyo al ejército indio durante incursiones chinas, especialmente en 2022.

Ningún otro país puede sustituir completamente las capacidades estadounidenses, lo que explica el reciente acercamiento. Pete Hegseth y su homólogo indio, Rajnath Singh, han alcanzado un acuerdo de defensa mutua por un período de diez años. Sin embargo, las acciones de Trump han dañado la confianza entre la élite diplomática india, y si los aranceles elevados perduran, generarán perjuicios económicos a India.

Mientras que en el pasado esto podría haber empujado a India hacia el aislamiento, hoy probablemente la impulse a profundizar su estrategia de “multi-alineamiento”, buscando relaciones estrechas con países de distintos bloques geopolíticos. El escenario más plausible contempla la relajación de controles sobre vuelos comerciales, comercio e inversiones chinas, junto con una reafirmación de su “amistad de todo clima” con Rusia.

No obstante, ambas relaciones tienen límites: China sigue siendo una amenaza estratégica en su frontera y en su vecindario; y Rusia es una potencia en declive tecnológico, cuyo sector económico y de defensa está sobrecargado por la guerra en Ucrania. Alemania y Europa cuentan con una ventana de oportunidad para cubrir parte de las capacidades que antes aportaba Estados Unidos.

 

Lo que busca el gobierno indio

Transferencia tecnológica: India valora desde hace tiempo la transferencia tecnológica para impulsar su desarrollo y consolidarse como gran potencia. El acuerdo nuclear con EEUU y, más recientemente, la Iniciativa para Tecnologías Críticas y Emergentes (iCET) bajo el presidente Joe Biden tuvieron un gran peso simbólico al garantizar acceso tecnológico. Igualmente importante fue la decisión estadounidense de otorgar a India un estatus comparable al de sus aliados formales, como los miembros de la OTAN.

Alemania y la UE no pueden ofrecer el mismo nivel tecnológico en computación, microelectrónica o inteligencia artificial. Sin embargo, existe un claro potencial en maquinaria, ingeniería, tecnología industrial, farmacéutica y otros sectores. La diplomacia pública es clave: Berlín debería considerar si puede impulsar un acuerdo con similar relevancia simbólica al pacto nuclear indo-estadounidense, y revisar el lugar de India dentro de su régimen de licencias comerciales.

Inversión doméstica: Para sostener su crecimiento económico, India necesita importantes inversiones externas en infraestructura, industria y servicios. Europa es una fuente clave en las tres áreas. Incrementar la inversión pública –a través del banco de desarrollo alemán KfW, instituciones multilaterales como el BEI o el BERD, y la iniciativa Global Gateway de la UE– reforzaría el reconocimiento indio hacia este apoyo.

Migración: El endurecimiento de las visas H-1B ha disuadido a muchos trabajadores cualificados y estudiantes de trasladarse a EEUU, abriendo espacio para que Europa se consolide como destino alternativo y pueda atender sus propias necesidades de talento.

Defensa y seguridad: Además de EEUU y Rusia, Francia e Israel son los principales socios de defensa de India. Sin embargo, Nueva Delhi está modernizando y ampliando considerablemente su capacidad militar y busca reducir su dependencia de Rusia. El rearme alemán abre oportunidades, aunque India exigirá participación en la propiedad intelectual y la fabricación. El amplio capital humano indio en ingeniería y el ecosistema de start-ups de defensa –incluidos drones y espacio– ofrece un terreno fértil para la colaboración. No obstante, una cooperación en seguridad más profunda es menos probable, dado que Alemania no posee un despliegue militar equiparable al de Estados Unidos y continúa centrada en la amenaza rusa. No cabe olvidar que la cooperación militar con Washington sigue fuerte.

 

El acuerdo comercial

Tradicionalmente, los gobiernos indios han visto el comercio internacional con suspicacia, como un mecanismo a través del cual los países ricos se benefician a costa de las economías en desarrollo. Ese escepticismo está respaldado por el poder político de los agricultores indios. Sin embargo, los aranceles de Trump, junto con los desafíos económicos internos, están obligando a Delhi a reactivar su agenda comercial, lo que incluye retomar las conversaciones con la UE.

El reciente acuerdo comercial Reino Unido–India ofrece una advertencia: el primer plazo se incumplió en 2022, y su conclusión requirió una presión constante al más alto nivel, así como concesiones británicas en prioridades esenciales –exenciones fiscales para migrantes indios, acceso para contables y abogados británicos, y la calendarización de un acuerdo vinculado de inversión y finanzas–.

Las presiones económicas hacen viable un acuerdo UE–India, pero exigirá un compromiso político sostenido al más alto nivel y una flexibilidad significativa para superar las diferencias entre dos culturas comerciales muy distintas.

 

Lecciones de la relación India–Estados Unidos

Mejorar las relaciones entre la UE –incluida Alemania– e India implica superar numerosos obstáculos. Fomentar relaciones de trabajo productivas ha sido difícil, dado el peso burocrático de ambas partes. ¿Qué debe cambiar ahora? Estados Unidos aceleró su relación con India apostando por su potencial a largo plazo, sin exigir beneficios inmediatos. Promovió intercambios tecnológicos, acuerdos diplomáticos y cooperación en seguridad, aun cuando no producían resultados tangibles a corto plazo. La comunidad de política exterior estadounidense confiaba en que una India fuerte ayudaría a contener a China y a sostener un orden internacional favorable a EEUU

Washington también ofreció espacio geopolítico: rara vez criticó la relación india con Rusia o su política interna iliberal. Incluso una presunta operación de inteligencia india para asesinar a ciudadanos estadounidense y canadienses se gestionó discretamente. A pesar de las frustraciones, sucesivas administraciones –demócratas y republicanas– mantuvieron el compromiso estratégico.

El gobierno alemán y la UE podrían decidir no seguir una apuesta similar. Existen preocupaciones legítimas sobre el intercambio tecnológico, las relaciones de Delhi con Moscú y la evolución de su política interna. También hay dudas fundadas sobre el rumbo económico indio: si su industrialización despegará y si mantendrá altos niveles de crecimiento. Pero si Berlín y Bruselas desean aprovechar este momento, deben recordar que el éxito de EEUU con India se basó en una apuesta estratégica prolongada, centrada en lo que la relación podía llegar a ser, no en lo que era en el presente.

Adoptar una estrategia de largo plazo no será sencillo. Requiere que Bruselas y Berlín asuman riesgos y coordinen de forma centralizada sus políticas, superando la fragmentación institucional. El Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca fue clave en el caso estadounidense; su equivalente alemán aún está en desarrollo. La política de coalición alemana dificulta la coordinación intergubernamental, y el modelo multilateral de la UE representa un reto aún mayor.

Aun así, la situación actual –en la que Trump ha arrinconado a India en cuestiones comerciales y energéticas– representa una oportunidad excepcional. Un pacto de cooperación enviaría una señal más poderosa que su contenido material: demostraría simbólicamente que Alemania y la UE pueden convertirse en nuevos socios fiables para India.

Artículo traducido del inglés, publicado originalmente en Internationale Politik Quarterly (IPQ) el 7 de noviembre de 2025.

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