AFKAR-IDEAS  >   NÚMERO 78

Un agricultor esparce fertilizante en su arrozal a las afueras de Srinagar, en Jammu y Cachemira, el 14 de junio de 2026. Con el bloqueo de Ormuz, la crisis de los fertilizantes afecta a Asia y a países que producen sus abonos a partir de gas importado del Golfo, como Pakistán, Bangladés o India./nazir/nurphoto vía getty images

Del golfo pérsico al desafío global alimentario

La crisis del golfo Pérsico y el hecho de que el estrecho de Ormuz ya no sea libre nos recuerdan que la agricultura y la alimentación son una cuestión de poder, estabilidad, soberanía y paz.
Sébastien Abis
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La guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos no es una ruptura aislada, sino que se inscribe en una trayectoria de largo recorrido marcada por la acumulación de tensiones, conflictos no resueltos y la falta de soluciones duraderas. En este Oriente Medio dividido, fragmentado y a menudo desgarrado, las crisis se suman desde hace décadas sin llegar nunca a cerrarse del todo. En el mejor de los casos, se decreta un alto el fuego. En el peor, se lanzan bombas, se destruyen sociedades y se siembran las iras del mañana. El subdesarrollo, las desigualdades, las fracturas territoriales y las vulnerabilidades sociales ganan terreno en la mayoría de los países de la región. La paz se ha convertido en un deseo vano en un contexto donde no existe la confianza y donde la rivalidad se manifiesta con fuerza.

El espectacular auge económico de las monarquías del Golfo había hecho creer en la emergencia de oasis de estabilidad, prosperidad y proyección internacional, pero los acontecimientos actuales cambian la perspectiva. Los ataques selectivos de Teherán, las perturbaciones marítimas y la destrucción de infraestructuras energéticas ponen de manifiesto de forma contundente las vulnerabilidades de estos Estados.

Irán no puede librar una guerra frontal, simétrica y duradera frente a Israel y Estados Unidos; por lo tanto, desplaza el cursor del conflicto hacia dos terrenos complementarios: la extensión geográfica de la crisis y su ampliación económica. En un mundo interdependiente, la inestabilidad de Oriente Medio nunca puede limitarse al ámbito local: se vuelve sistémica, tanto en el espacio como en el tiempo. Esta crisis se propaga a través de los estrechos, los mercados, los puertos, los oleoductos y la actitud cada vez menos cooperativa de los actores, tanto de las naciones como de los operadores privados.

En este contexto, constatamos que los problemas alimentarios se mundializan….

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