Desde hace siglo y medio la longevidad humana aumenta a un ritmo de tres meses al año1. Esta evolución ha conllevado una profunda transformación del sistema reproductivo. La especie humana mantuvo durante decenas de miles de años una esperanza de vida de entre 30 y 40 años. Las altas mortalidades infantiles hacían necesaria una alta fecundidad, para llegar a garantizar la reproducción de la especie. Tras siglo y medio de disminución de la mortalidad, las generaciones han adaptado su esfuerzo reproductivo a un escenario de alta supervivencia. La esperanza de vida al nacer de la población mundial aumentó de 46,39 años en 1950 a 73,32 en 2024. La tasa de fecundidad a nivel mundial descendió de 4,85 hijos por mujer en 1950 a 2,25 en 2024. En la actualidad, el aumento del tiempo de vida y la superposición de generaciones cumplen el rol que hace un siglo cumplía la alta natalidad en el sistema reproductivo. Este proceso se conoce como transición demográfica2; inicialmente pensada como un fenómeno europeo, se ha demostrado eficiente para describir la transformación de todas las poblaciones del planeta. El dividendo demográfico, como ventana de oportunidad para el crecimiento económico en poblaciones con un gran número de jóvenes y adultos, se corresponde con una etapa intermedia de la transición3. Con el cierre de esa ventana, el envejecimiento demográfico constituye la última etapa de la misma.
La transformación de la longevidad
La esperanza de vida global ronda los 74 años. El aumento de la supervivencia se ha dado en todas las regiones del mundo, siendo más rápido en América Latina y Asia, cuyas esperanzas de vida se sitúan ya cercanas a las europeas. Es una tendencia que también se puede observar en África, aunque la mortalidad sea todavía más elevada….



