“Occidente ha muerto. Europa está sola”. En las primeras páginas ya encontramos una de las virtudes de este libro, que es su claridad. Tanto en la forma de explicar sus ideas, como en la rotundidad de sus tesis. Pero no son disparos al aire o afirmaciones epatantes. Porque otro de los elogios que cabe hacerle a Solos en el mundo es su afán pedagógico, su interés en remontarse a los orígenes de los distintos contextos actuales, de ahí el peso que tiene la historia contemporánea en estas páginas.

Solos en el mundo
Arancha González Laya
Arpa, 2026
240 págs.
Este es un libro sobre Europa y su papel en un mundo cuyas reglas multilaterales –que la propia autora ayudó a forjar en muchos casos– se han debilitado. Habla de España en la medida en que lo hace de una Unión Europea (UE) que busca su sitio entre el repliegue estadounidense, el belicismo ruso y la asertividad china. Pero es un libro que podría leer con el mismo interés un lituano, un francés o un polaco. Y hay aquí coherencia: si defendemos la integración europea para competir y prosperar en un mundo que parece renegar de su aspiración kantiana, si de alguna forma se aspira a un demos europeo que dé contenido a unas instituciones comunitarias que han de ser más fuertes y operativas, qué mejor manera que escribir un libro para el lector europeo.
Varias ideas fuerza recorren los distintos capítulos. De fondo, la idea de que “depender de otro, por cercano que sea, implica un riesgo estructural”, algo que obliga a la UE a actuar en distintos frentes, con una mirada abarcadora. Porque “en este siglo distópico, el futuro no se decide donde brillan los satélites, sino donde se siembra el grano, donde se extrae el litio…



