Seguidores de la Lista de los Estudiantes celebran la derrota electoral de Aleksandar Vučić en la plaza Slavija de Belgrado (Serbia), el 25 de octubre de 2026. ANDREJ IVANOV/GETTY IMAGES.

La oposición canta victoria en Serbia

La Lista de los Estudiantes ha ganado las elecciones en Serbia tras más de un año de protestas contra la corrupción y el autoritarismo. Su éxito se explica por una movilización descentralizada, sin líderes visibles y capaz de superar las divisiones de la oposición tradicional. El desafío comienza ahora: transformar esa unidad electoral en un gobierno.
Miguel Roán
 |  26 de octubre de 2026

A eso de las nueve y media de la noche del domingo, el presidente serbio Aleksandar Vučić daba una rueda de prensa y reconocía la victoria electoral de “La Lista de los Estudiantes – Los estudiantes ganan”. El mandatario situó la victoria de sus rivales en entre 135 y 140 escaños, mientras que su lista, “Serbia Unida”, se quedaba en los 105 escaños.

El resto de los partidos en la Asamblea Nacional serán representantes de las minorías (húngara, albanesa y bosníaca). El Partido Socialista de Serbia se quedó fuera de la cámara, al no lograr superar el umbral del 3% para partidos que no representan a minorías étnicas. Solo dos formaciones dominarán la cámara.

La jornada electoral vivió una movilización masiva, tanto en Serbia como en la diáspora, donde se calcula que hay más de tres millones de serbios. Se vieron colas interminables en el barrio belgradense de Zvezdara o en Madrid o Liubliana, que en algunos casos supusieron más de cinco horas de espera. La participación estuvo en torno al 70%, la más elevada desde la fragmentación de Yugoslavia.

 

Razones

Hay muchas razones que explican esta victoria sin paliativos de la oposición. Imbuidos como estamos de la geopolítica y de los conflictos regionales que marcan la agenda mediática internacional, la sociedad civil serbia ha evolucionado como cualquier otra con sus problemas de proximidad. La década pasada empezó a protestar contra el urbanismo ilegal del proyecto Belgrade Waterfront, luego contra la violencia política y también contra el fraude electoral. Más tarde, el medioambiente, combinado con el hartazgo por la corrupción y la subida de los precios, sobre todo desde el comienzo de la guerra en Ucrania. Se trata de un proceso de agencia y exigencia colectiva hacia el interés general, frente a los intereses personales o de un solo grupo social.

Sin embargo, el gobierno de Aleksandar Vučić, en el poder como máximo dirigente desde 2014, parecía imbatible. Con apenas un tercio de la totalidad de votantes, lograba alcanzar la mayoría absoluta o concentrar prácticamente todo el poder político del país. El malestar general nunca logró traducirse en una fuerza política que se proyectara con contundencia en las instituciones, un problema característico de la oposición serbia desde la época de Slobodan Milošević: la división y el conflicto de liderazgos.

Por su parte, el Partido Progresista Serbio (SNS) logró conformar, desde su primera victoria electoral en 2012, una extensísima red clientelar que había capturado el aparato estatal, en Belgrado y fuera de Belgrado. En realidad, la mayoría de la sociedad serbia concluía que “la revolución de Octubre” del 2000 no había sido una revolución transformadora, al no haber limpiado las instituciones de sus cuadros corruptos, autoritarios, erráticos y sin preparación, a los que muchos ciudadanos llaman despectivamente foteljaši (que podría traducirse aproximadamente como “los que se aferran al sillón”).

Pero no sería hasta el 1 de noviembre de 2024 cuando la indignación alcanzó su punto más alto: la muerte de 16 personas a causa del derrumbe de una marquesina en la estación de trenes de Novi Sad, la actitud indiferente y la inacción del Gobierno, la sombra de la corrupción que infectaba todo el caso y una serie de agresiones a los estudiantes en Belgrado durante una concentración hicieron estallar la chispa que ha incendiado la política serbia hasta la victoria electoral de la Lista de los Estudiantes.

 

Estrategias

La Lista de los Estudiantes se conformó a partir de mayo de 2025 con una base estudiantil que se ha liberado de las derrotas de las movilizaciones del pasado. Esto es un hecho generacional inevitable, pero la agrupación identificó varias estrategias necesarias, algunas de ellas inéditas no solo en la política serbia, sino también en la región, que se emularán en el futuro y que se estudiarán en los círculos académicos:

Primero: la necesidad de “provincializar” el movimiento. Esto es llevarlo a poblaciones como Novi Sad, Kragujevac, Niš, Zrenjanin, Leskovac o Čačak (una población, al menos un estudiante), al margen de la capital serbia, tradicionalmente contestataria, pero también de espaldas a las precariedades de la periferia.

Segundo: mantener el protagonismo de los estudiantes como una fuerza difusa y anónima, sin perfiles populares que generen animadversiones o desvíen la atención de los verdaderos objetivos; y que tampoco pudieran ser etiquetados por los medios de comunicación progubernamentales.

Tercero: posponer u orillar problemas clave de la política local que dividen a la sociedad serbia, sobre todo en materia geopolítica. Pero, al mismo tiempo, no distinguirse ideológicamente del Partido Progresista Serbio; particularmente, la Lista de los Estudiantes es contraria al reconocimiento de Kosovo, pero, por el contrario, se acerca a posiciones propalestinas.

Cuarto: centrar su pulso político en el mal funcionamiento de las instituciones y en la corrupción, en las cuestiones materiales y perentorias, como los servicios públicos. Desde la Lista de los Estudiantes siempre se ha priorizado la depuración institucional, aunque para ello sea necesario alcanzar el poder. Se trata de un reinicio institucional con reglas del juego más justas y transparentes, frente a los abusos del SNS, sobre todo en campaña y durante la jornada electoral.

Quinto: mantener una acción performativa positiva, colorista y optimista. La agrupación ha revertido el derrotismo y la resignación endémica que ha habido en la sociedad serbia. La campaña se ha centrado en luchar por vivir mejor en tu propio país, frente a la inercia migratoria que ha supuesto “la fuga” de más de 300.000 jóvenes cualificados durante la última década.

Sexto: el movimiento no ha dejado de insistir en su naturaleza asamblearia y democrática. Esto ha transmitido en ciertas fases opacidad, hermetismo e incertidumbre pública sobre su toma de decisiones, pero ha otorgado legitimidad popular por la propia constancia de esa metodología, incluso cuando la movilización decreció entre 2025 y 2026.

El caso de la Lista de los Estudiantes no es solo una rareza por alcanzar el gobierno en solo un año, sino por haber renunciado a apoyarse en partidos con presencia institucional. La oposición de antaño ha sido barrida en las elecciones.

 

El escenario actual

Todo indica que el país mirará hacia sí mismo, después de un ciclo exhausto de protestas, que ha generado una intensa polarización y desgaste social. Sobre todo, supondrá una evaluación exhaustiva de los avances de la Lista de los Estudiantes, sin un liderazgo todavía asentado que vertebre la heterogeneidad ideológica del partido. La lista está conformada por un núcleo amplio de diputados con un perfil académico elevado, pero no resultará fácil aunar la pluralidad de sensibilidades que van desde el nacionalismo conservador al liberalismo.

Muchas son las incógnitas sobre el rumbo que tomará la geopolítica local, pero se antojan tres inercias probables a nivel regional: Montenegro (también Bosnia y Herzegovina) se puede beneficiar en su acceso a la UE al lograr un vecino con una posición más constructiva y menos intrusiva; la priorización del Estado de Derecho del nuevo gobierno se incardina en la hoja de ruta que busca Bruselas para Serbia, y el foco en la corrupción puede someter a escrutinio a otros líderes de la región, tentados de las inversiones internacionales sin filtros legales.

No obstante, a corto plazo no se antoja un cambio geopolítico respecto a Kosovo ni Rusia (la Lista de los Estudiantes ya anunció que no impondría sanciones a Rusia). La UE deberá recuperar la confianza de un movimiento en cuya campaña Bruselas ha estado ausente y a la que se mira con recelo tras no tener una posición suficientemente crítica respecto al gobierno de Aleksandar Vučić o, incluso, llegar a firmar un memorándum de colaboración con el líder serbio en contra del interés de la mayoría de la sociedad serbia (sobre el proyecto de prospección de litio en 2024).

En diciembre, hay elecciones presidenciales en Serbia. Habrá que ver si la naturaleza horizontal de la Lista de los Estudiantes se mantiene y se reafirma su forma innovadora de hacer política.

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