Soldado uniformado del Eurocuerpo, el ejército de carácter multinacional creado por Francia y Alemania en 1992.

Agenda Exterior: ejército europeo

AGENDA PÚBLICA Y POLÍTICA EXTERIOR
 |  4 de abril de 2019

¿Es viable un ejército europeo a medio plazo?

 

El 70 aniversario del nacimiento de la OTAN reaviva el debate sobre la necesidad de un ejército europeo que otorgue a Europa una mayor autonomía de la Alianza Atlántica y de Estados Unidos en materia de seguridad y defensa. La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuel Macron, lideran esta reivindicación de «independencia estratégica» para la que no parecen existir todavía propuestas concretas. Preguntamos a los expertos si es viable un euroejército a medio plazo.

 

José Enrique de Ayala | Miembro del consejo asesor de ‘Política Exterior’. Jefe del Estado Mayor del Eurocuerpo entre 2001 y 2003.

Si hablamos de un ejército europeo similar a los ejércitos nacionales clásicos, es decir, integrado, con una sola estructura, una sola jerarquía, y dependiente de una autoridad política única, la respuesta es no. Primero necesitaremos tener una unión política en la que los Estados miembros de la Unión Europea hayan aceptado compartir su soberanía hasta sus últimas consecuencias, lo que es difícil de imaginar a medio plazo, aunque este es un objetivo al que no deberíamos renunciar.

Pero si hablamos de una defensa común europea, tal como prevé el artículo 42.2 del Tratado de la UE (TUE), que disponga de los mecanismos materiales y normativos necesarios para hacerla realidad, es decir de una estructura de mando y de fuerzas multinacionales, similares a las que tiene actualmente la OTAN, pero formadas exclusivamente por los Estados miembros de la UE, la respuesta a medio plazo puede ser positiva. No es complicado ponerla en marcha. De hecho, ya existe una Capacidad Militar de Planificación y Ejecución, que puede ser el germen de un Cuartel General Europeo de Operaciones, y Cuarteles Generales multinacionales europeos como el Eurocuerpo. Las unidades, al igual que en la OTAN, las proporcionarán los Estados a demanda. La Cooperación Estructurada Permanente y el Fondo Europeo de Defensa son los primeros pasos en este camino de integración.

La defensa común europea supondrá un importante ahorro de recursos, al superar una multiplicidad innecesaria, consolidará la base industrial y tecnológica de la defensa europea, completará la autonomía estratégica que propugna la estrategia global que aprobó el Consejo Europeo en 2016, y permitirá la puesta en marcha efectiva del compromiso de defensa mutua que contempla el artículo 42.7 del TUE, sin perjuicio de los compromisos adquiridos con otras alianzas actuales o futuras, que deberían en todo caso ser suscritas por la UE en su conjunto.

 

Miguel Ángel Benedicto | Periodista y profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Europea. @BENEDICTOSOLSON

La política de Seguridad y Defensa de la Unión Europa ha avanzado de manera muy rápida en los últimos dos años. El complejo entorno geopolítico ha intensificado la cooperación de la UE en materia de seguridad exterior y defensa. Los ataques terroristas del ISIS en territorio europeo, la amenaza de Rusia en la vecindad Este de la UE, el reto de los refugiados, la llegada de Trump a la Casa Blanca y el Brexit, han sido los catalizadores de los avances en la defensa europea.

Europa debería poder defenderse de agresiones de terceros sin tener que depender de la OTAN. Sin embargo, la propia Estrategia de Seguridad Global reconoce que es necesaria la compatibilidad con la Alianza Atlántica para la defensa colectiva.

La autonomía estratégica requiere un aumento del presupuesto para seguridad y defensa, mayores capacidades y cooperación, una estructura militar más unida, una sólida industria europea de defensa y voluntad política por parte de los Estados miembros.

Entre las dificultades para formar un ejército europeo están la impredecibilidad de Vladímir Putin, que hace que los países de Europa Central y Oriental sigan considerando la OTAN el centro de su defensa, y temen que la UE pueda competir con las estructuras de la Alianza debilitándola. Otro obstáculo es que las culturas de defensa de los Estados miembros son muy diferentes entre sí.

Pese a no vislumbrar a corto plazo la creación de un cuerpo militar europeo, la necesidad estratégica del mismo es más que patente en la actualidad, ante un Estados Unidos cada vez más reticente en su compromiso con la seguridad europea y un entorno inestable en la vecindad del este y del sur de Europa.

La locomotora franco-alemana apuesta por una defensa común al anunciar la posibilidad de recurrir al voto por mayoría en materia de Defensa; con el fin de mejorar la eficacia y efectividad en la toma de decisiones. En dicha reunión también se sugirió el desarrollo de un Consejo de Seguridad de la UE y la necesidad de desarrollar una cultura estratégica común. Pero estos pasos no se darán de manera rápida y la UE todavía seguirá bajo la tutela de los EEUU, al menos en el frente Este contra Rusia.

 

Alberto Bueno | Investigador del departamento de Ciencia Política de la Universidad de Granada y miembro del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI) @ALBERTOBUENO_

Alguna vez se ha dicho que la idea de un ejército europeo es como el monstruo del lago Ness: nadie lo ha visto pero todo el mundo habla de él. La anécdota ilustra perfectamente la realidad: atractiva y ambiciosa a primera vista, y apelando al sentido y compromiso más europeísta de muchos de los Estados miembros, nadie acierta sin embargo a definirla más allá de declaraciones políticas un tanto huecas.

En primer lugar, “ejército europeo” es un banderín para promover mayores niveles de gasto y compromiso en defensa ante opiniones públicas, como la alemana o la española, renuentes a hacerlo. Por el contrario, muestran actitudes más favorables a una acción conjunta en el marco de la Unión Europea, por lo que supone un aliciente para impulsar una política de seguridad y defensa que de verdad sea “común”; que no es poco. Arrancar la Cooperación Estructurada Permanente en materia de Defensa (PESCO, en sus siglas en inglés) o armar un fondo europeo de inversión son pasos positivos, pero este camino es en sí mismo el fin. No hay detrás de ellos un pensamiento estratégico que haya planteado cuál es la finalidad, en términos europeos, de estas iniciativas de defensa. En estas acciones se aprecian las pugnas por favorecer a las industrias nacionales respectivas o por influir en los objetivos globales a partir de los propios intereses nacionales.

La idea de unas fuerzas armadas europeas ha aparecido de forma paralela al de autonomía estratégica. Otro ejercicio fútil si antes no se alinean los objetivos políticos (y un ejército es un instrumento relevante de la política exterior), con los modos y medios militares que se quieran aportar. Todo esto haciendo equilibrios por preservar la soberanía propia y considerando culturas estratégicas, visiones en política exterior y prioridades políticas muy distintas. Ness continuará en el imaginario colectivo europeo.

 

Jorge Domecq | Director ejecutivo de la Agencia Europea de Defensa. @EUDEFENSEAGENCY 

Desde mi punto de vista, aunque la contestación depende de qué implique el “medio plazo”, puedo ser breve: no. Pero también añado: no es un ejército europeo lo que necesitamos.

Con la presentación en 2016 de la Estrategia Global para la Política Exterior y de Seguridad de la Unión Europea y el plan de puesta en práctica o ejecución de los aspectos relativos a la seguridad y defensa, la UE aumentó el nivel de ambición de su política de seguridad y defensa. Después de esto hemos puesto en marcha un número de importantes iniciativas en el ámbito de la defensa.

La Agencia Europea de Defensa (AED) es el gestor del Plan de Desarrollo de Capacidades (CDP – Capability Development Plan) donde definimos – con los países miembros y la contribución del Comité Militar de la UE – las prioridades para el desarrollo de capacidades de la UE. La Agencia también es responsable de la Revisión Anual Coordinada de la Defensa (CARD – Coordinated Annual Review of Defence) que incluye una revisión sistemática de las capacidades de defensa nacionales disponibles, además de una evaluación de la cooperación existente. Al mismo tiempo, la Revisión nos permite identificar nuevas oportunidades de cooperación en defensa. Finalmente, la Cooperación Permanente Estructurada (PESCO, Permanent Structured Cooperation), de la que España es uno de los miembros promotores, constituye un marco en el que sus países miembros pueden conjuntamente invertir, planificar, desarrollar y operar sus capacidades de defensa. Podremos decir por lo tanto que el CDP nos dice en qué tenemos que concentrar nuestros esfuerzos comunes; CARD nos da una visión de conjunto sobre dónde nos encontramos en el ámbito de las capacidades de defensa a nivel europeo e identifica los próximos pasos a dar; y finalmente, PESCO nos ofrece opciones concretas sobre cómo avanzar de manera más cooperativa en la mejora de nuestras capacidades. Por su parte, el Fondo de Defensa de Europa (EDF – European Defence Fund), la última de las nuevas iniciativas de la UE en el ámbito de la defensa, podría facilitar los fondos para incentivar los proyectos de cooperación de defensa.

Estas iniciativas en su conjunto, con el apoyo de las instituciones y entidades, como la AED, son una importante herramienta al servicio de los estados miembros para incrementar la cooperación europea en defensa. Si los estados miembros hacen uso de ellas avanzarán hacía una Fuerzas Armadas en Europa más interoperables, sostenibles, operativas y coherentes al servicio del nuevo nivel de ambición de la UE. Ese es nuestro verdadero objetivo.

 

Carlota García Encina | Investigadora en el Real Instituto Elcano (@ENCINACHARLIE)

La idea de un ejército europeo es tan vieja como atractiva -aunque nunca lo suficiente como para llegar a materializarse- con países que se encargaron de alimentarla cíclicamente para que no se olvidara. Ahora se ha convertido en un must-have y no simplemente en un nice-to-have, y en parte gracias a Trump, a Putin, a la Estrategia Global de la Unión Europea y sobre todo a una nueva realidad que lo exige.

El proyecto sobre un ejército europeo ha estado lleno de dudas y de frustraciones, como el fracaso de la European Defense Community (EDC) y de la Unión Europea Occidental (UEO), los battlegroups europeos sin estrenar y la OTAN como verdadero pilar de la seguridad del continente. Y siempre presente, la disparidad entre fuerzas y recursos a ambas orillas, el gap tecnológico, el dilema de construir capacidades o primar las instituciones, o apostar por una defensa europea simplemente como herramienta para reordenar el sector industrial de la defensa.

Durante la guerra fría no se avanzó porque sin el potencial militar estadounidense la amenaza soviética no podía ser contenida por los europeos. Más tarde, por la división política de los mismos europeos, muchos de los cuales preferían la supeditación militar a EEUU a un mayor gasto en defensa. Así que conseguir dotarse de unas capacidades militares suficientes y capaces, a la vez que poder contar con unos mecanismos de decisión, distintos de los de la OTAN, con los que poder hacer realidad sus decisiones estratégicas, no se logró. El último eslabón de una cadena hacia una unión completa, con la cabeza política, una moneda en el bolsillo, y una espada envainada, por si hiciera falta. ¿A eso nos referimos hoy cuando pensamos en un ejército europeo? Lamentablemente no.

Nadie pretende que del proceso en curso salga un ejército europeo encargado de la defensa territorial de sus miembros, pero no está claro lo que se busca. Unos hablan de un ejército de la UE, otros de un ejército para los europeos que actúe bajo cualquier bandera; en Bruselas se busca la autonomía estratégica, en París la soberanía estratégica, otros piden responsabilidad estratégica y los hay que ven cualquier iniciativa sin los norteamericanos como irresponsable; hay una PESCO y un Fondo Europeo de la Defensa pero también está la iniciativa alemana del NATO Framework Concept, así como ideas sobre la creación de un Consejo de Seguridad Europeo y el establecimiento de un Comité de Defensa en el Parlamento Europeo.

Ante tanta ambigüedad habría que quedarse con una sola idea: Europa debe pasar a ser un rule-maker y no solo un rule-taker. Y tiene suficiente potencial para ello, la opinión pública lo apoya y serviría para reestructurar las fuerzas armadas de los países europeos. Será muy difícil pero es más probable que nunca.

 

Jesús A. Núñez Villaverde | Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH) @SUSONUNEZ

Si nos dejamos llevar por las declaraciones de Angela Merkel o de Emmanuel Macron, señalando a Washington como un socio no fiable y apostando abiertamente por un “auténtico” ejército europeo, la respuesta solo podría ser afirmativa. Pero la realidad obliga a ser mucho menos optimistas.

Puede ser un deseo loable que la Unión Europea se dote de capacidades de defensa propias. De ese modo, y en línea con la “autonomía estratégica” que postula la Estrategia Global de la UE (2016), dejaríamos de estar subordinados a los dictados de Washington y, por tanto, seríamos más dueños de nuestro propio destino. Por otro lado, superaríamos definitivamente el anacrónico planteamiento nacionalista, asumiendo que solo sumando fuerzas entre iguales estaremos mejor preparados para hacer frente a las amenazas que afectan a nuestros intereses comunes. Además, anularíamos así la remota posibilidad de un enfrentamiento interno.

Pero la cruda realidad de una Unión poblada por europeistas, atlantistas y neutrales nos dice que aún no hay consenso político para superar esos marcos nacionales y establecer una división del trabajo. Para llegar ahí habría que superar también las actuales divergencias sobre el uso de las capacidades nucleares (no se ve próximo el momento en el que la Unión se dote de ellas o de que Francia las transfiera a Bruselas), definir las tareas a desarrollar (defensa colectiva, ciberdefensa, contraterrorismo…), aumentar el nivel de ambición más allá de las Misiones Petersberg, para poder asumir todo el espectro de misiones posibles de una fuerza armada, y redefinir las bases de la industria de defensa. Por último, cabe recordar que un ejército es solo un instrumento, entre muchos, al servicio del poder civil y, hoy por hoy, a la Unión todavía le queda un largo trecho hasta disponer de él y de una voz única en el concierto internacional. Estamos en el camino, pero ni es irreversible ni la meta está próxima.

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