El presidente francés, Emmanuel Macron, interviene en una cumbre de líderes de la UE el 18 de octubre de 2019 en Bruselas/GETTY

Agenda Exterior: Macron y la UE

POLÍTICA EXTERIOR
 |  22 de noviembre de 2019

¿Puede Macron liderar un cambio de rumbo en la UE?

En una entrevista reciente con The Economist, Emmanuel Macron expone su visión del orden internacional, criticando duramente la estasis de la Unión Europea (“al borde del precipicio”, a riesgo de “desaparecer geopolíticamente”) y la deriva de la OTAN (en estado de “muerte cerebral”). Las declaraciones del presidente francés han generado alarma entre sus socios: la canciller alemana, Angela Merkel, ha declarado no secundar esas “palabras drásticas”. Con todo, parece ser el único mandatario que ofrece una visión ambiciosa para hacer frente a los retos de la Unión. Preguntamos a diferentes expertos si su iniciativa es viable.

 

Marc Bassets | Periodista, corresponsal de El País en París. @marcbassets

Veo difícil que Emmanuel Macron lidere un cambio de rumbo en la UE. En primer lugar, por falta de aliados. La alianza franco-alemana está deteriorada. La canciller Angela Merkel está en retirada. El eco en Alemania de las propuesta de Macron al inicio de su quinquenio, resumidas en el discurso de la Sorbona de otoño de 2017, fue frío. Esta frialdad se ha vuelto gélida tras los desencuentros recientes, que han llegado a su paroxismo con las declaraciones del presidente francés a The Economist. Sin la cooperación de Francia y Alemania, nada duradero puede cambiar en la UE. Y hoy las visiones y los intereses parecen demasiado alejados para converger. Este es el segundo motivo por el que creo improbable que Macron cambie el rumbo de la UE: pienso que su diagnóstico sobre los riesgos que afronta Europa, su lugar en el mundo y las vías para salir del impasse son bastante plausibles, pero su idea de hacer de Europa una potencia mundial que contrarreste la bipolaridad entre Estados Unidos y China no es la de toda Europa. No es la de Alemania, como mínimo, pero tampoco la de otros países apegados –pese a Trump– a la alianza transatlática y reacios ante un acercamiento excesivo a la Rusia putiniana. Y es percibida como demasiado francesa: una vía para restituir el estatus de Francia como potencia media por medio de la UE, un gaullo-mitterrandismo que una parte de los europeos recibe con lógica reticencia.

 

Carme Colomina | Investigadora CIDOB, Barcelona Centre for International Affairs. @Carmecolomina

Macron juega al desafío. Desde el primer día, el presidente francés ha construido su liderazgo por oposición. Oposición a Trump con su “Make Our Planet Great Again”; exhibiendo europeísmo en tiempos de crisis existenciales en la UE; encumbrado hasta el Elíseo, sobre todo, porque no era Marine Le Pen. Macron era el aspirante a heredero del gaullismo, en su voluntad de erigirse por encima de derechas e izquierdas y reclamar para Francia un lugar propio como potencia global.

El presidente francés tiene ambición y retórica, pero, más allá del valor indudable de sacudir inercias, ¿cuántos aliados ha conseguido cosechar hasta el momento? Cuando en marzo pasado escribió una carta a los líderes europeos hablando del «renacimiento de Europa», desde el partido de la canciller Angela Merkel le sugirieron que si tanto creía en una Europa geopolíticamente relevante, cediera a la UE el asiento permanente de Francia en el Consejo de Seguridad de la ONU. En su entrevista del 7 de noviembre en The Economist, Macron volvió a la carga.

La defensa europea se ha convertido en el nuevo terreno sobre el cual construir consensos franco-alemanes, sobre todo retóricos, ya que estratégicamente las visiones de París y Berlín sobre asuntos clave como las relaciones con Rusia, China o la futura ampliación de la UE continúan divergiendo. Macron considera que Rusia es esencial para la seguridad europea y se ha mostrado dispuesto a relajar las sanciones contra Moscú, una visión que no comparte Merkel, menos condescendiente con Vladímir Putin. Pero incluso un acercamiento franco-alemán en este terreno deja todavía demasiados flecos pendientes en una UE de cooperaciones flexibles y variables que han encarecido enormemente el precio y el esfuerzo de construir consensos. El cambio de rumbo lo determinarán los hechos, no los discursos. Macron no puede hacerlo en solitario.

 

Claire Demesmay | Directora del programa franco-alemán del Instituto Alemán de Política Exterior (DGAP), Berlín. @C_Demesmay

Para liderar un verdadero cambio de dirección en la UE, Macron tendrá que encontrar suficientes socios que apoyen su proyecto. No solo de una manera declaratoria, sino con un compromiso fuerte. Por el momento, tal búsqueda parece un reto. Para cualquier presidente francés, el primer reflejo es dirigirse a Alemania. Eso es lo que hizo Macron, sin ahorrar esfuerzos para atraer a su socia alemana. Pero las dificultades internas de la gran coalición, junto con otras prioridades para la integración europea entre París y Berlín, han frenado a Alemania a la hora de responder a las iniciativas de Macron. Por estas razones, es improbable que la cooperación franco-alemana recupere el impulso con rapidez.

La segunda opción, menos tradicional para la política europea de Francia, es jugar la carta de Bruselas. Desde las elecciones al Parlamento Europeo en la primavera pasada, Macron ha tomado este camino. No solo influyó en la elección de los futuros líderes de las instituciones de la UE, empezando por Ursula von der Leyen, vista en París como una aliada, sino que negoció un ambicioso portafolio en la Comisión Europea alineado con las prioridades francesas: industria, digitalización y defensa.

Por lo que se refiere a las posiciones en Bruselas, Macron puede estar satisfecho –incluso pese al fracaso del nombramiento de Sylvie Goulard como comisaria–. Sin embargo, esta constelación de nombramientos no será suficiente para impulsar un cambio fundamental en la UE. Bajo estas circunstancias, Macron no tiene otra opción que llevar a cabo un trabajo de persuasión caso a caso, orientado a su proyecto de una Europa soberana. Esto requerirá no solo buenos argumentos, sino paciencia y mucho tacto.

 

Dídac Gutiérrez-Peris | Docente en Sciences Po París y director de investigación y encuestas europeas en París. @Didacgp

En pleno ecuador del mandato de Macron, parece que la capacidad de liderar un cambio de rumbo en la UE por parte de Francia depende de la política interna del país. Al menos esa es una de las lecciones de la crisis de los chalecos amarillos. Tendemos a olvidar que antes de esta crisis interna, el presidente mantuvo una actitud extremadamente deferente respecto a la ortodoxia fiscal que tanto importa (e importaba) a las élites alemanas.  Durante esos dos años un voluntarista Macron aceptó un acuerdo tácito según el cual si Francia hacía los deberes en casa en materia fiscal, podía esperar a cambio flexibilidad y apoyo de Alemania en reformas institucionales como el presupuesto de la zona euro, las listas transnacionales o la implementación de un sistema creíble de depósitos bancarios, entre otras iniciativas –más o menos plausibles– que el presidente francés avanzó en los discursos de Atenas y La Sorbona.

Ese acuerdo tácito acabó saltando por los aires cuando ni el más alemán de los últimos presidentes galos consiguió acabar con el inmovilismo de Berlín. Pero también porque Macron tuvo que cerrar filas y ocuparse de las dificultades internas que atraviesa Francia: desde los mencionados chalecos amarillos, hasta la crisis del sector hospitalario o la reforma de las pensiones que se avecina. Un reguero de crisis sociales que han dado paso a un Macron menos multilateral, más calculador en las negociaciones en el Consejo Europeo y menos generoso en sus pactos. Y así, hemos pasado de unos presupuestos generales para 2019 que ‘iban en la buena dirección’ según la Comisión Europea, a unos presupuestos generales para 2020 tildados de ‘inquietantes’ en Francia. En resumen, la pregunta no es tanto si Macron puede liderar un cambio de rumbo en la UE. La pregunta, teniendo en cuenta los múltiples frentes abiertos en casa y la incapacidad de Alemania de echarle una mano, es si Macron sigue todavía queriendo liderar un cambio de rumbo en la UE.

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