Alfombra Roja: António Guterres

POLÍTICA EXTERIOR
 |  16 de diciembre de 2016

«No podemos evitar que la gente huya. Sí podemos decidir con qué grado de bondad y humanidad les tratamos”

 

António Guterres juró el 12 de diciembre el cargo como secretario general de las Naciones Unidas (ONU). Los 193 países miembros reunidos en la Asamblea General recibieron el primer mensaje de quien será el líder de la organización a partir del 1 de enero: “La ONU debe estar lista para cambiar: admitir sus defectos y reformar la forma en que trabaja”. Su candidatura había conseguido en octubre la aprobación de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia). Guterres, de 66 años, sucederá al coreano Ban Ki-Moon, que cierra sus 10 años de mandato con la frustración que arrastra la ONU y una crítica abierta a muchos líderes políticos.

Nacido en Lisboa en 1949, Guterres estudió Ingeniería Electrotécnica y Física, y se unió al Partido Socialista de Portugal en 1974, el mismo año de la Revolución de los Claveles que devolvió la democracia al país. De su trayectoria política destacan los diez años recientes al frente de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), entre 2005 y 2015. Anteriormente, estuvo volcado en la política portuguesa: fue primer ministro del país desde 1995 hasta 2002, tiempo en que participó en la resolución de la crisis en Timor Oriental. En 2002, como presidente del Consejo de Europa, lideró la adopción de la conocida como Agenda de Lisboa y copresidió la primera cumbre de la Unión Europea y África. Guterres fundó el Consejo Portugués para Refugiados y formó parte del Consejo de Estado de Portugal.

En la ONU ha destacado su liderazgo a la hora de reformar Acnur; reduciendo el número de funcionarios en Ginebra y mejorando la capacidad de respuesta a las emergencias, así como una mejor gestión de los gastos de la agencia, que se triplicaron durante su mandato al introducirse un nuevo modelo de elaboración de presupuestos y ante el aumento de las personas desplazadas en el mundo, de 38 millones en 2005 a cerca de 60 millones en 2015. El periodo de Guterres como alto comisionado estuvo marcado por algunas de las crisis de desplazamientos de personas más graves de las últimas décadas, especialmente por los conflictos en Siria e Irak, pero también ante emergencias humanitarias en Sudán del Sur, República Centroafricana y Yemen.

Guterres prestó atención al problema de la apatridia, iniciando una campaña para ponerle fin en el año 2024 e incrementando el número de Estados parte de las convenciones sobre apatridia. Estableció el Diálogo Anual sobre los Desafíos a la Protección, que reúne a Estados, agencias de la ONU y la sociedad civil para estudiar conjuntamente los movimientos migratorios mixtos, las situación de los refugiados de larga duración, los refugiados en entornos urbanos, los vacíos en la protección, los credos religiosos, las personas desplazadas internas, la protección en el mar y la búsqueda de soluciones a los factores que causan el desplazamiento.

El 1 de enero llega a la ONU un secretario general con larga experiencia en uno de los problemas peor gestionados durante la globalización: la movilidad de las personas. La inmigración, el medio ambiente, la implementación de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible serán las prioridades para una organización que necesita con urgencia una reforma que adecue capacidades y objetivos, se centre más en las personas y menos en la burocracia y sea capaz de romper la brecha de desconfianza entre los ciudadanos y la política. Para el portugués es esencial que la ONU comprenda en profundidad las “megatendencias” globales –desigualdad, conflictos asimétricos, terrorismo, crisis de salud públicas– que hoy integran el contexto mundial en el que debe trabajar una ONU lastrada por estructuras y dinámicas de mediados del siglo XX.

 

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