Cuando Donald Trump ganó las elecciones en Estados Unidos, hace ahora un año, la Comisión Europea pareció reaccionar al shock. Con la vuelta del magnate a la presidencia, Europa perdía de pronto el dividendo americano o, al menos, quedaba en entredicho. El paraguas de defensa americano, el comercio transatlántico, los acuerdos tecnológicos e incluso la estabilidad política se vieron gravemente afectados por la incertidumbre de su regreso.
La presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, tomó nota del reto y, aprovechando los informes Draghi y Letta publicados en septiembre de 2024, anunció una política económica y fiscal para reactivar y proteger la economía del Viejo Continente. No fue la única que emprendió este camino, pues el canciller alemán Friedrich Merz también anunció un gran plan de estímulo fiscal que conllevó un cambio constitucional aprobado mediante un trámite parlamentario rápido..
La propia Comisión Europea ha constatado recientemente que la economía comunitaria sigue atascada. Su último informe de previsiones económicas apunta a un crecimiento del PIB del conjunto de la UE del 1,2% para este año y el próximo, y una levísima mejoría hasta el 1,4% en 2027. Solo hay algunas excepciones meritorias, casi todas concentradas en el sur y este de Europa. En el resto del continente, el crecimiento seguirá siendo muy pobre al menos durante dos años más.
La Comisión prevé que países como Francia, Italia o Austria, ni siquiera alcanzarán el 1% de crecimiento el próximo año. Esto es, prácticamente sufrirán un estancamiento económico. Alemania, que empezará a activar sus planes expansivos, pasará de crecer un pírrico 0,2% en 2025 a un 1,2% los dos próximos años. Ni siquiera con el músculo presupuestario que tiene el país logrará tasas de crecimiento superiores al promedio comunitario.

Las previsiones de otoño de la Comisión constatan…
