INFORME SEMANAL DE POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 1470

La guerra acelera la transición verde

La tercera guerra del Golfo ha logrado algo que décadas de diplomacia climática y negociaciones internacionales apenas consiguieron: convertir la dependencia de los combustibles fósiles en un problema político de primer orden y acelerar la transición energética, especialmente en el Sur global.

Aunque el reciente acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán ha provocado una rápida caída de los precios del petróleo y ha alejado el riesgo de una interrupción prolongada del suministro mundial, los más de tres meses de guerra han dejado una lección difícil de ignorar. La volatilidad de los mercados energéticos y la vulnerabilidad de los países dependientes de las importaciones de combustibles fósiles han reforzado el interés por fuentes de energía limpias, seguras y asequibles, acelerando a una velocidad sin precedentes el despliegue de paneles solares, baterías ion-litio y turbinas eólicas. Muchas de estas tecnologías ya eran competitivas, en gran medida, gracias a las exportaciones chinas y su capacidad manufacturera, que representa casi el 25% de su PIB, frente a una media mundial del 15%.

China fabrica hoy cerca de un tercio de todos los bienes industriales del mundo, produce más vehículos eléctricos que el resto de países juntos y concentra alrededor del 80% de la producción mundial de paneles solares y el 70% de las baterías avanzadas.

En 2024, China ya exportó más paneles fotovoltaicos a países en desarrollo que a economías avanzadas. Un año después, la inversión global en energías limpias superó los 2,2 billones…

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