Entre estos destaca el Tehreek-e-Taliban-Pakistan (TTP), un grupo abiertamente antipaquistaní, liderado desde 2018 por Noor Wali Mehsud. Crecientemente activo a ambos lados de la frontera común, ha golpeado no solo localidades paquistaníes próximas a dicha frontera, sino también centros urbanos como Lahore y Karachi.
Todo apunta a que los enfrentamientos registrados desde el pasado 10 de octubre, con la implicación añadida de las fuerzas militares afganas, trascienden las habituales escaramuzas que se repiten desde que se reinstauró el régimen talibán, en agosto de 2021.
La tensión se intensificó a principios de octubre, cuando el gobierno talibán dio a conocer que se habían producido varias explosiones en Kabul. Aunque evitó culpar directamente a Islamabad, el 11 de octubre se produjeron ataques conjuntos de combatientes del TTP y militares afganos contra las fuerzas paquistaníes. El incidente desencadenó una escalada de choques cada vez más graves, con ambos bandos empeñados en mostrar fuerza ante la opinión pública y en hacerse con localidades e instalaciones, aportando cifras no verificadas por fuentes independientes. En todo caso, se ha constatado el uso de vehículos blindados, artillería, drones y aviones, sin que se conozca tampoco con exactitud el grado de implicación y de coordinación que existe entre los combatientes de TTP y las fuerzas armadas leales a Kabul.
De momento, la confrontación no ha escalado hasta un choque abierto a gran escala, en parte gracias a la mediación de Catar y Arabia Saudí. Aun así, todos los pasos fronterizos, incluidos los estratégicos de Torkham y Chaman, permanecen cerrados. Esta deriva belicista resulta aún más chocante si se tiene en cuenta que el pasado mes de mayo ambos países elevaron a rango de embajada su representación diplomática entre ambas capitales, lo que parecía indicar una distensión progresiva. Por el contrario, los vaivenes que caracterizan tanto la política interna…

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