A sus 80 años, y en una de sus escasas apariciones públicas, Ortega aprovechó el acto del pasado 19 de julio, con motivo del 47º aniversario de la llegada al poder del Frente Sandinista, para anunciar el fin de la competencia electoral. El presidente, que gobierna desde 2007 tras un primer mandato entre 1979 y 1989, justificó la decisión asegurando que las urnas podían entregar el poder a sus adversarios.
En lugar de seguir organizando elecciones sin garantías, Ortega y Murillo han optado por eliminar directamente cualquier posibilidad de alternancia. Ni siquiera regímenes como el cubano o el venezolano han renunciado a reivindicar una cierta legitimidad democrática. La vieja máxima de que la hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud sigue teniendo plena vigencia en política.
Incluso procesos electorales ampliamente cuestionados, como los celebrados en Venezuela en julio de 2024, seguían proyectando la imagen de que el poder derivaba del poder popular. Ortega ya no considera necesario mantener esa ficción. Desde hace años, apenas comparece en público, mientras Murillo se ha convertido en la cara visible del régimen, especialmente desde que la reforma constitucional de 2024 la elevó al rango de copresidenta.
Sus hijos controlan buena…
