El 14 de abril, Volodímir Zelenski fue recibido en la Cancillería federal alemana con honores militares para celebrar las primeras consultas intergubernamentales entre Alemania y Ucrania en más de dos décadas. La escena ilustraba la nueva “asociación estratégica”.
Dos semanas después, el canciller Friedrich Merz dejó caer que parte del territorio ucraniano podría caer en manos rusas en un futuro acuerdo de paz, descartó las fechas de adhesión a la Unión Europea barajadas por Kiev para 2027 o 2028 y sugirió un estatus intermedio de observador. Entre ambos momentos se perfila la lógica de la nueva política alemana: mayor compromiso material a cambio de mayor capacidad de influencia sobre el desenlace del conflicto.
El acuerdo de Berlín con Kiev tiene importantes elementos para fortalecer las defensas de Ucrania. El acuerdo asciende a 4.000 millones de euros y se concentra en la defensa aérea, hoy talón de Aquiles del país invadido. La partida más cuantiosa, 3.200 millones, financiará la entrega de varios cientos de misiles PAC-2 GEM-T para los sistemas Patriot, a los que se suman 36 lanzadores IRIS-T SL –el sistema antiaéreo de la firma alemana Diehl– por valor de 182 millones. Otros 300 millones se destinarán a la…

Abrazo condicional de Berlín a Kiev
