Una de las grandes novedades de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) fue establecer la prioridad del hemisferio occidental, incluyendo Groenlandia, en la defensa y la seguridad de Estados Unidos, la Homeland Security.
Quedó recogido en el llamado Corolario Trump a la Doctrina Monroe, también conocido como Donroe, aunque personal-mente prefiero aplicar la denominación de Corolario Trump-Monroe. La sola enunciación del Corolario supone redefinir enteramente la relación con América Latina que, de algún modo, había quedado bastante relegada tras los atentados terroristas del 11-S (2001).
El objetivo del Corolario en lo que respecta a la relación hemisférica es doble. Por un lado, hacer del hemisferio occidental una zona que sea “lo suficientemente estable y bien gobernada” como para poder controlar simultáneamente las migraciones ilegales, el narcotráfico y otras amenazas. Y, por otro, en alusión directa a China, protegerlo “de incursiones extranjeras hostiles”, vigilando y controlando los activos clave, respaldando “las cadenas de suministro esenciales” y garantizando el acceso a productos estratégicos, como tierras raras, minerales e hidrocarburos. Como advirtió posteriormente el Departamento de Estado, tras su toma de posición respecto al puerto peruano de Chancay: “Que esto sirva de advertencia para la región y el mundo: el dinero barato chino cuesta soberanía”.
Ante tal conjunto de riesgos y desafíos, y de ser necesario, la seguridad y defensa hemisférica podrían justificar el redespliegue de buena parte del aparato militar estadounidense, como se llevó a cabo en Venezuela. No en vano, según se afirma en la posterior Estrategia de Defensa Nacional (EDN), que desde la perspectiva del hemisferio occidental refuerza lo apuntado por el Corolario Trump-Monroe, Estados Unidos posee “el ejército más poderoso que el mun-do haya conocido jamás”, tal y como se ufana en recordar una y otra vez el actual inquilino de la Casa Blanca.



