España necesita fortalecer las bases de su economía mediante un empuje al sector industrial que permita a las empresas insertarse en las nuevas cadenas de suministro globales, lo que supone atraer inversiones extranjeras para desarrollar nuevas ventajas comparativas.
La crisis ha obligado al gobierno y a la sociedad española a repensar su modelo de crecimiento. Una vez que lo peor de la crisis parece haber quedado atrás y la economía se ha estabilizado y ha comenzado a crecer, se pueden dibujar ciertas líneas estratégicas para mejorar la inserción internacional de la economía española. No se trata necesariamente de pasar a un modelo como el de Alemania, China o Japón, donde las exportaciones son el principal motor del crecimiento, pero los países que cuentan con un sector exterior dinámico y empresas internacionalizadas juegan con ventaja, especialmente en momentos de escasez de crédito y turbulencias en los mercados financieros internacionales. Por lo tanto, aunque España es un país con enorme talento, es necesario adoptar políticas que reduzcan los obstáculos para el desarrollo de sus capacidades de internacionalización.
En las próximas páginas se realiza un diagnóstico de los principales retos a los que se enfrenta el sector exterior español y se plantean algunas propuestas para afrontarlos. Nuestro objetivo es entender mejor las debilidades que tiene el modelo de inserción internacional para superarlas y extraer el máximo rendimiento del enorme potencial que tiene nuestra economía.
Diagnóstico de situación
A lo largo de las últimas décadas, y sobre todo desde la introducción del euro en 1999, la economía española ha experimentado un acelerado proceso de crecimiento económico y modernización social, que ha ido de la mano de una progresiva internacionalización de su economía.
Así, la tasa de apertura de la economía (exportaciones más importaciones sobre el PIB), situada a comienzos de los años…

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