Después de siete meses al frente del gobierno, Draghi ha conseguido que Italia disfrute de una etapa expansiva, tanto en el terreno económico –el país crece más que la mayoría de su entorno– como en la arena comunitaria, donde el ascendente del expresidente del Banco Central Europeo (BCE) se deja sentir. La continuidad del actual momento dulce, sin embargo, está marcada por el incierto calendario político del primer ministro.
A diferencia de la crisis de la deuda en 2010, esta vez Italia no se ha convertido en el flanco débil de la zona euro ni, por tanto, en el principal quebradero de cabeza de la Unión Europea. Esta vez ha sido distinto. Cuando las cosas se han torcido, Italia ha conseguido esquivar la etiqueta de “enfermo de Europa”, para sorpresa de propios y extraños. A pesar de haber sido uno de los países más afectados por el Covid –el primero,…

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