El rey Mohamed VI encargó el martes 29 de septiembre formar Gobierno a Fátima Ezzahra el Mansouri, alcaldesa de Marraquech y ministra de Vivienda saliente, después de que su Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM) ganara las legislativas con 97 de los 395 escaños. Es la primera mujer al frente del Ejecutivo marroquí y llega al cargo en un momento de fuerte desafección política: seis de cada diez electores no votaron y, apenas dos meses antes, decenas de miles de jóvenes se lanzaron a cruzar la frontera de Ceuta.
Abogada de 50 años, formada en Marruecos, Montpellier y Nueva York, Mansouri fue en 2009 la primera mujer en ganar la alcaldía de su ciudad, que perdió en 2015 y recuperó en 2021. Entró en el Gobierno como ministra de Urbanismo y Vivienda. Su nombramiento rompe una barrera política en Marruecos y en el mundo árabe. Mansouri habló de un día histórico y de un “honor compartido con todas las mujeres del país”.
El hito llega en un país marcado por importantes desigualdades de género. La Constitución consagra la igualdad, pero el derecho de familia, de inspiración religiosa, sigue dando a las hijas la mitad de la herencia que a los hijos. Hasta el protocolo plantea interrogantes: en las ceremonias religiosas, el jefe del Gobierno ocupa tradicionalmente un lugar junto al rey, mientras las mujeres rezan aparte.
Tampoco era la elección esperada. Había sonado con fuerza Fouzi Lekjaa, exministro de Presupuestos y presidente de la Federación Marroquí…

Cambio simbólico en Marruecos


