POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 234

Jugadores del Estrella Roja y del Partizán de Belgrado, dos de los clubes más grandes de Serbia, guardan un minuto de silencio en memoria del general Ratko Mladić, responsable del genocidio de Srebrenica (Belgrado, 6 de septiembre de 2026). SRDJAN STEVANOVIC / GETTY

Cómo las identidades marcan las reglas en los Balcanes

La región, atravesada por sus etnias y su historia, es estratégica para Bruselas. Pero esas mismas identidades que unen a sus pueblos son también armas políticas que los dividen y frenan su integración europea.
Miguel Roán
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En mayo de 2026, la administración de Donald Trump publicaba un informe del Departamento de Estado sobre la política estadounidense hacia los Balcanes occidentales. En esas siete páginas, las referencias a la democratización son inexistentes y el texto se centra en la seguridad, la energía y la economía. La Unión Europea se encuentra ausente y Estados Unidos abandona el enfoque de nation-building por una doctrina transaccional que ya “no se trata de rescate ni reconstrucción, sino de estabilidad y asociaciones mutuamente beneficiosas”.

El documento enviaba un mensaje ambivalente para Bruselas. Por un lado, su aliado transatlántico está interesado en mantener la seguridad en la región, lo cual supone un alivio para la UE, una vez el sudeste europeo es una zona instrumental para la lucha contra el crimen organizado o el terrorismo, la crisis de gestión de la inmigración, hasta la esfera de influencia de potencias diversas, entre ellas Rusia, Turquía o China. Pero, por el otro, incorpora una clave inquietante: el estrechamiento de relaciones sobre una base transaccional en un contexto de instituciones en proceso de reforma, un clima de descontento y escepticismo, y gobernantes que no siempre actúan completamente alineados con la UE introduce una variable de riesgo.

En un artículo publicado en 2002, el sociólogo esloveno Rastko Močnik planteaba que la ideología balcánica tiene un doble mecanismo: antagonismo horizontal y sumisión vertical. Por una parte, se encuentra la esfera de influencia de la UE y de EEUU, con sus propias relaciones de dominación y hegemonía económica hacia la periferia y, por otra, se encuentran las relaciones internas dentro de la región con sus desequilibrios y asimetrías. En esta nueva fase, la posición de EEUU puede friccionar con el modelo gradual, supervisado y legalista de ampliación de la UE.

Este giro geoestratégico puede ser abordado desde la identidad,…

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