El 28 de abril de 2025, a las 12:33 del mediodía, el mayor apagón eléctrico de la historia europea dejó sin electricidad a cerca de sesenta millones de personas en España y Portugal. Los trenes se detuvieron entre estaciones. Los hospitales suspendieron procedimientos rutinarios. Los aeropuertos se colapsaron con pasajeros varados. A los pocos minutos de iniciado el corte, antes de que Red Eléctrica Española o el gobierno español emitieran comunicación formal alguna sobre la causa, comenzaron a circular por redes sociales, canales de mensajería como Telegram y medios proxy, es decir, medios intermediarios que se hacen pasar por fuentes locales o independientes, narrativas coordinadas que atribuían el apagón a un ciberataque ruso, a un sabotaje norcoreano, a un “raro fenómeno atmosférico” o a las energías renovables. Declaraciones fabricadas atribuidas a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y a medios internacionales como CNN o Reuters se difundieron en una decena de idiomas. En cuestión de horas, grandes medios occidentales, entre ellos Sky News, la BBC y CNN Portugal, habían citado el encuadre del “fenómeno atmosférico” antes de retractarse discretamente. Seis semanas después, el gobierno español descartó un ciberataque. La causa preliminar oficial, una inestabilidad de voltaje en cascada a través de la red ibérica, no fue confirmada por la Red Europea de Gestores de Redes de Transporte de Electricidad (ENTSO-E) hasta octubre.
Lo que sí sabemos, según el seguimiento del Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE), es que alrededor del suceso se activó actividad informativa coordinada vinculada a actores extranjeros. La evidencia no sugiere que una única operación estatal coordinada produjera el detonante de la crisis, ni la totalidad de la actividad asociada, pero sin duda contribuyeron a la saturación del espacio informativo múltiples fuentes digitales: amplificación de la red Pravda, suplantación al estilo de…



