Desde que en 1912 el primer lord del Almirantazgo Winston Churchill ordenara la transición de la Royal Navy del carbón a derivados del crudo para desbancar a la marina imperial alemana en la carrera naval, el petróleo, antes usado solo como combustible para lámparas y farolas (queroseno), se convirtió en un recurso estratégico como ningún otro. Su descubrimiento en las Indias Orientales holandesas (1885) y el Golfo Pérsico (Irán, 1908; Baréin, 1932; Arabia Saudí y Kuwait, 1938) transformó por completo el valor geoeconómico de estas regiones. Conforme los países desarrollados abandonaron definitivamente el carbón como fuente principal de energía, entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, el control de las rutas de acceso a ellas se volvió una prioridad de primer orden. Aún hoy, a pesar de las políticas de fracking en Estados Unidos y de las diferentes alternativas energéticas, la primacía del crudo y la importancia geopolítica de las áreas donde abunda de manera natural permanecen intactas.
«Por Ormuz pasa el grueso del crudo asiático: Japón, Corea del Sur, Taiwán y China dependen críticamente»
Es el caso de los países petrolíferos del Golfo Pérsico, que albergan un tercio de las reservas de petróleo del planeta, exportan alrededor del 40% del petróleo mundial y son el lugar de origen de cerca del 65% de todo el crudo transportado por mar. Estos datos subrayan la importancia estratégica de los cuellos de botella por donde pasa el petróleo exportado: son fuente incesante de tensión geopolítica. La ruta más delicada sin duda es la del estrecho de Ormuz. Por este angosto paso sale el 20% del petróleo mundial, en su mayoría camino de Asia: de aquí proviene el 90% del crudo que importa Japón, el 80% del que importan Taiwán y Corea del Sur y el 55% del…



