Las protestas rompen el paradigma de “estancamiento” de la región. Las consecuencias afectarán a procesos regionales y mundiales más allá del mundo árabe.
Los levantamientos de principios de año en los países árabes han provocado ya la caída de los regímenes autoritarios en Túnez y Egipto. En la actualidad, sigue desarrollándose un efecto dominó de protestas en la calle, desde Libia hasta Yemen, pasando por Siria y Bahréin, con Argelia, Marruecos o Jordania siguiéndoles los talones. Este tsunami de políticas de contestación no perdona a ningún régimen, sea república o monarquía, revolucionario o conservador.
De modo que, después de muchos años de aparente esterilidad política, el mundo árabe está dando a luz levantamientos de tres en tres. Por continuar con la metáfora del nacimiento y la esterilidad, podría darse un crecimiento exponencial de la demografía de las revueltas.
En medio de la oleada de mensajes de correo electrónico que la gente intercambia en estos momentos, recibí dos que reflejan este efecto dominó y que llaman a la reflexión. En el primero se preguntaba si la cumbre árabe anual –prevista para primeros de mayo en Bagdad– llegaría a celebrarse realmente (de hecho, se ha aplazado sin fecha), y predecía que sería una reunión de “presentación”, es decir, que la primera sesión estaría dedicada a que los nuevos dirigentes se conozcan mutuamente. El segundo mensaje es más explícito respecto al impacto de una “sobrecarga de revoluciones”. Propone una solución: que cada revolución pida la vez antes de estallar (¡y que nadie se cuele, por favor!).
A fin de analizar el actual contexto revolucionario, este artículo se centra en dos aspectos principales: el modo en que ha surgido como una erupción volcánica y su impacto actual. Se estudia además el impacto nacional, regional e internacional de las revueltas.
Descifrar el mundo árabe: ¿qué…

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