La crisis económica se mantendrá y probablemente se prolongará durante un periodo nada despreciable en Ecuador y en Venezuela. Al igual que en el resto de la región, los gobiernos identificados como posdesarrollistas o socialistas del siglo XXI están cerrando un ciclo.
El fenómeno de la crisis económica puede ser extensivo a Latinoamérica, independientemente de que su impacto sea diferencial por países. En un informe recientemente publicado por el FMI se estima que para 2016 en América Latina y el Caribe se producirá una contracción económica del -0,5 por cien (el Banco Interamericano de Desarrollo, BID; estima una tasa del -0,3 por cien), con lo que habría decrecimiento durante dos años consecutivos (en 2015 fue del -0,1 por cien); algo similar a lo acontecido en 1982-83 por la crisis de la deuda externa, definida por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) como la década perdida.1 El FMI estima que en 2017 América Latina y el Caribe tendrán una tasa positiva del 1,5 por cien.
El informe citado sitúa Venezuela y Ecuador como los dos países peor punteados de la región. La economía venezolana se contraerá este año un -8 por cien y un -4,5 para 2017 (en 2015 se contrajo un -5,7), mientras que la ecuatoriana se contraerá un -4,5 en 2016 y un -4,3 en 2017 (en 2015 la variación fue del 0,3).2 A estos datos habría que añadir dos situaciones producidas este año en los dos países y que acrecentarían estas estimaciones negativas: en Venezuela se presenta una aguda crisis energética que, entre otras cosas, ha llevado a la reducción de la jornada laboral semanal del sector público a cuatro días. Y Ecuador sufrió un terremoto de magnitud 7,8 grados en la escala Richter que, según su presidente, Rafael Correa, habría generado la pérdida…

La vía kurda hacia la autodeterminación
¿Dos países, una crisis?