INFORME SEMANAL DE POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 1196

Central nuclear de Bushehr, supervisada por el OIEA. (Irán, 10/11/2019). GETTY

EEUU insiste por una vía equivocada

Washington pretende castigar a Teherán y ser seguido por el resto de la comunidad internacional. Sin embargo, se encuentra con enormes dificultades para sumar nuevos aliados a su estrategia de ‘máxima presión’.
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El 21 de septiembre el secretario de Estado, Mike Pompeo, anunció que Washington imponía nuevas sanciones al ministerio de Defensa iraní, a 27 personas y entidades de ese país y al presidente venezolano, Nicolás Maduro, acusándolos de violar el embargo de armas que pesa sobre Irán (resolución 2231 del Consejo de Seguridad). Se trata de un paso más en su intento por hacer colapsar el régimen de Teherán, acuciado además por el hecho de que el 18 de octubre se prevé el levantamiento de dicho embargo, así como por la necesidad de presentar algún resultado “exitoso” en política exterior, con vistas a unas elecciones en las que Donald Trump se juega su futuro en la Casa Blanca.

Más allá del gesto de fuerza y liderazgo que pretende transmitir una decisión como esa, añadida a otras del mismo tono, el análisis de la situación lleva a conclusiones muy distintas. En primer lugar, cabe recordar que se ha llegado a este punto por la incapacidad –tanto de Washington como de Tel Aviv y algunas capitales árabes– de provocar la derrota militar de un adversario, que no solo ha demostrado su capacidad de resistencia al asedio, sino que cuenta con medios militares y…

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