POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 160

Egipto estrena la era Al Sisi

Ricard González
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El regreso de un general al poder confirma para algunos la idea de que Egipto solo puede gobernarse con puño de hierro. No parece, sin embargo, que el país árabe vaya a admitir a un nuevo Mubarak.

Después del golpe de Estado del 3 de julio de 2013 que puso fin a un año de experimento islamista en Egipto, se produjo una cierta disonancia entre los centros de poder político formales e informales, al menos según la percepción de muchos observadores. Egipto contaba con un presidente interino civil, Adly Mansur, así como también con un gabinete bajo la dirección de un tecnócrata. Sin embargo, se consideraba que el resorte último de poder estaba realmente en manos de las fuerzas armadas y, más concretamente, del ministro de Defensa, Abdelfattah al Sisi. Suyas eran las fotografías de los pósters y carteles que adornaban las calles de El Cairo, y él era el objeto principal de adulación de los medios de comunicación oficialistas.

Tras las elecciones presidenciales de mayo ha desaparecido esta dualidad de poderes. Vencedor claro de los comicios, el flamante raïs Al Sisi es a todas luces el líder único del nuevo régimen. Así pues, la presidencia de Egipto vuelve a corresponder a un hombre surgido de las filas del ejército, como ha sucedido durante las últimas seis décadas con un breve interludio: el año de gobierno del islamista Mohamed Morsi y sus Hermanos Musulmanes.

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