Aunque el concepto de “Soberanía Tecnológica” dista de ser unívoco –por un lado, el mismo significado de soberanía es contestado en un mundo como el actual, dominado por interdependencias y vulnerabilidades cruzadas; por otro, no existe un indicador claro de cuánta capacidad tecnológica en qué sectores industriales garantizaría dicha soberanía– la Comisión y el Parlamento Europeo vienen empleando el término para referirse a la capacidad de la Unión Europea de asegurar que las decisiones en materia digital y tecnológica se tomen de acuerdo con los intereses y valores de la Unión.
Esa libertad de decisión requiere disponer de la capacidad de generar conocimientos e infraestructuras propias en materia digital y tecnológica que eviten coacciones o presiones que puedan condicionar la toma de decisiones europeas debido a una dependencia crítica en el acceso a servicios o tecnologías esenciales desde el punto de vista económico o de seguridad. También requiere la capacidad de hacer frente a amenazas híbridas en el espacio digital, como los ciberataques o las injerencias en los procesos políticos –especialmente electorales– mediante la manipulación de información.
Una nueva agenda
La carta de misión que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, envió el 17 de septiembre a la finesa Henna Virkkunen, encargada de esta nueva cartera, detalla una serie de objetivos que proporcionan una idea bastante precisa de qué entiende la Unión Europea por soberanía tecnológica. Por un lado, propone intensificar las inversiones en tecnologías de vanguardia en las que la UE depende casi por completo de proveedores externos. Se trata de ámbitos como la supercomputación, los semiconductores, el Internet de las cosas, la genómica, la computación cuántica y las tecnologías espaciales. Por otro, busca impulsar el desarrollo y la aplicación de la inteligencia artificial, un campo en el que la Unión Europea…

El despertar tecnológico de la Unión Europea