POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 216

Vista de edificios destruidos en la franja de Gaza desde la localidad de Sderot, en primera fila de la ofensiva terrorista perpetrada por Hamás contra Israel el pasado 7 de octubre. (Sderot, 2023). GETTY

El drama israelo-palestino

Es imposible saber cómo puede terminar el conflicto reactivado el 7 de octubre desde Gaza. Lo único claro es que la ocupación iniciada en 1967 ha envenenado el alma de israelíes y palestinos que dejaron pasar las oportunidades de Madrid y Oslo para reconciliarse y buscar una solución en dos Estados con fronteras seguras e internacionalmente reconocidas.
Jorge Dezcallar de Mazarredo
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Escribo estas líneas todavía conmocionado por las terribles imágenes que los medios han difundido del ataque de Hamas a indefensos civiles israelíes que asistían a un concierto de música o seguían su vida cotidiana en ciudades vecinas del enclave palestino de Gaza, un polvorín de 360 kilómetros cuadrados del que Israel se retiró en 2005 y donde se hacinan más de dos millones de personas (5.000 por kilómetro cuadrado cuando la densidad española es de 90) sin presente ni futuro pues el 50% están desempleados, el 80% come gracias de la caridad internacional, el suministro eléctrico depende de la buena voluntad de sus vecinos y solo el 10% tiene acceso a agua potable. Los jóvenes no tienen ni presente ni futuro y eso los radicaliza en un odio ciego e irracional que he tenido ocasión de comprobar en visitas a otros campos de refugiados palestinos en Siria o Jordania.

El 7 de octubre de 2023 ha sido el día más terrible en la historia de Israel, algunos lo llaman ya su Pearl Harbor, pues en pocas horas han muerto más israelíes que en las guerras de 1956 y de 1967 combinadas. La sociedad está en shock. No hay forma ninguna de justificar los actos de barbarie terrorista que los comandos de Hamas han cometido en su asalto a Israel, pero quizás quepa intentar explicarlos y a eso me gustaría dedicar estas líneas.

 

«Nos preguntamos cómo ha sido posible que una operación de esta envergadura pillara por sorpresa a Israel»

 

En primer lugar, nos preguntamos cómo ha sido posible que una operación de esta envergadura pillara por sorpresa a Israel. Al fin y al cabo, reunir miles de cohetes, adiestrar a más de dos millares de comandos, entrenar a algunos a utilizar planeadores, organizar flotillas de lanchas neumáticas, planificar la perforación la verja que rodea el enclave palestino e inutilizar sus dispositivos de vigilancia exigió que miles de personas estuvieran al corriente durante largo tiempo pues no es algo que se improvise o que se organice en quince días.

 

Exceso de confianza

No se sabe qué ha fallado pero es posible dar algunas pistas. En primer lugar, cabe destacar un exceso de confianza por parte israelí, el convencimiento de que, cegados los túneles que durante muchos años facilitaron las incursiones de Hamas y reforzado en 2021 el muro que rodea el enclave, los palestinos habían aprendido la dura lección que recibieron en 2014 cuando una operación de castigo les causó 2000 muertos.

Otro elemento para considerar es que Tel Aviv había relajado últimamente los controles permitiendo la entrada diaria de 18.000 gazatíes que acudían a trabajar en Israel y pensaba que sus intereses operarían a favor de la normalidad. Además, el foco de tensión entre israelíes y palestinos se había trasladado últimamente a Cisjordania donde los colonos en continua expansión con apoyo del gobierno ultranacionalista protagonizaban frecuentes confrontaciones violentas con los palestinos sobre cuyas tierras se asentaban, exigiendo mayor atención y presencia militar para su protección. Ese exceso de confianza se manifestaba también en la marginación del problema palestino del discurso político y en la resignación a vivir en un ambiente de baja violencia controlada, lo que llamaban “cortar el césped” cada poco tiempo.

 

«La sociedad israelí llevaba meses polarizada como consecuencia del intento de Netanyahu de cubrirse las espaldas frente a acusaciones de corrupción eximiendo al gobierno del control del Tribunal Supremo»

 

Por otra parte, la sociedad israelí llevaba meses polarizada como consecuencia del intento de Netanyahu de cubrirse las espaldas frente a acusaciones de corrupción eximiendo al gobierno del control del Tribunal Supremo. Muchos ciudadanos en la reserva militar se planteaban abiertamente la legitimidad de servir bajo un gobierno sin controles.

Finalmente, es posible que los servicios de Inteligencia hayan privilegiado durante los últimos años los medios electrónicos y telemáticos de vigilancia sobre las fuentes humanas, y esos medios fueron destruidos en los primeros momentos de la operación que Hamas bautizó con el nombre de “Diluvio de Al-Aqsa”, en referencia a la tercera mezquita más importante del Islam, situada sobre el mismo Muro de las Lamentaciones, el lugar más sagrado para el Judaísmo, y que había sido violada este verano por soldados israelíes en búsqueda de armas. La destrucción de esos medios de vigilancia dejó a oscuras a los israelíes durante los primeros momentos de la invasión.

 

Inevitable comparación

Dicho todo esto, algunos responsables de Hamas han dejado entender que se vieron sorprendidos por el éxito de sus comandos mucho más allá de sus expectativas, pues al parecer buscaban causar algunos daños para llamar la atención sobre su causa y tomar rehenes para canjearlos por sus prisioneros en Israel, y no se esperaban que las defensas israelíes se desmoronaran como lo hicieron.

Se ha comparado la sorpresa que estos fallos provocaron con la guerra de 1973 cuando egipcios y sirios sorprendieron y estuvieron a punto de acabar con el Estado de Israel en la Guerra del Yom Kippur, hace exactamente 50 años día por día. Solo la rápida intervención de Estados Unidos impidió entonces su destrucción. Pero entonces Israel combatía contra potentes ejércitos regulares y las víctimas fueron militares y ahora combate contra milicianos armados con menor potencia de fuego que Luxemburgo y las víctimas son mayoritariamente civiles. En 1973 se hizo una encuesta para depurar responsabilidades que acabó con la dimisión de la primera ministra Golda Meir. Veremos qué pasa ahora porque echar la culpa a los servicios de Inteligencia es un recurso habitual en los políticos y no solo en Israel, aunque el primer paso lo haya dado el director del Shin Bet asumiendo su parte de culpa.

Otra cuestión importante que dilucidar se refiere a la raíz última del problema que se hunde en la vieja pugna por la tierra que simboliza el combate entre David y Goliat: ¿Por qué esta violencia ciega contra israelíes inocentes? La respuesta tiene que ver con un conflicto que lleva sin encontrar respuesta desde la misma creación del Estado de Israel en 1948. Entonces las Naciones Unidas, a través de la resolución 188, abogaron por la creación de dos Estados sobre el territorio del Mandato Británico de Palestina. Desgraciadamente los palestinos no aceptaron la partición, porque todos nos hubiéramos ahorrado muchos problemas, sino que, fieles al comentario de Abba Eban, ministro israelí de Exteriores, cuando decía que no perdían ocasión de perder la ocasión, respondieron declarando una primera guerra que perdieron y que permitió a Israel extender su territorio original.

 

«Ese ha sido el gran fracaso de la diplomacia israelí que, con la seguridad de su superioridad militar, ha descuidado la normalización diplomática»

 

Desde entonces todo han sido desastres para árabes y palestinos, que perdieron otras guerras en 1956, 1967 (con la ocupación de Cisjordania y Gaza), 1973 (el Golán), la invasión del Líbano en 1982 (para expulsar a los palestinos que previamente habían tenido que dejar Jordania tras el llamado “Septiembre Negro”), dos Intifadas (revueltas populares, la segunda de las cuales duró desde 2000 a 2005), invasiones en Gaza (la última en 2014) y mucho sufrimiento para todos. Pero si una consecuencia cabe extraer es que, como decía Tayllerand, con las bayonetas se puede hacer todo… menos sentarse sobre ellas y ese ha sido el gran fracaso de la diplomacia israelí que, con la seguridad que le daba la superioridad militar, ha descuidado la normalización diplomática que hubiera llevado a la aceptación de Israel por sus vecinos árabes.

 

Equivocaciones encadenadas

Y si los palestinos se han equivocado, también lo ha hecho Israel, que además –seguro de su fuerza y con el respaldo acrítico de Washington– ha incumplido sistemáticamente todas las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, contribuyó a la creación de Hamas como una forma de debilitar a la OLP de Yassir Arafat, y luego fomentó las divisiones entre Hamas, en Gaza, y Al-Fatah, en Cisjordania, para argumentar que aunque quisiera no tenia un liderazgo palestino unificado con el que negociar. De esta forma ha creído que podría olvidarse de los palestinos hasta que lo ahora acontecido le ha despertado violentamente de su ensoñación. Un dato interesante al respecto es que durante las últimas cinco campañas electorales israelíes no se ha mencionado ni la ocupación ni la necesidad de solucionar el problema palestino.

Otro dato interesante es que los ataques de Hamás del 7 de octubre se dirigieron contra suelo israelí y no contra suelo ocupado por Israel, como queriendo identificar con claridad al objetivo de su insania que no es otro que la destrucción de la que llaman “la entidad sionista”.

En tercer lugar, conviene calibrar la reacción internacional. Mientras los europeos y americanos calificamos lo ocurrido como un ataque terrorista llevado a cabo por una organización terrorista, otros como Irán (que la CIA cree que, aunque da armas a Hamas, no estaba al corriente de esta operación) se alegran públicamente y lo festejan por boca del mismo Líder Supremo Alí Jamenei (parece mentira que alguien pueda festejar una masacre). En el caso de la Unión Europea, la respuesta se ha centrado en cinco puntos: rechazo del terrorismo, exigir la liberación de los rehenes, reconocer que Israel tiene derecho a defenderse y exigir proporcionalidad en esa respuesta.

Finalmente, la UE recuerda que no se puede confundir a Hamás con el conjunto de los palestinos. Rusia ha dicho que lo ocurrido muestra el fracaso de la política norteamericana en Oriente y coincide con China en culpar de lo ocurrido a la ocupación israelí y en exigir contención en la respuesta. Putin ha viajado a Beijing para entrevistarse con Xi a los pocos días del ataque de Hamas que sin duda favorece sus intereses en Ucrania. Y luego está una vasta mayoría de países, eso que ahora se llama el Sur Global, que también culpan de lo ocurrido a la ocupación israelí de tierras palestinas y acusan a Occidente de hipocresía y doble rasero pues condena con firmeza la invasión rusa de Ucrania –y adopta sanciones contra Moscú– mientras permite y mira hacia otro lado cuando es Israel la que ocupa territorio ajeno e incumple las resoluciones de la ONU. Es algo sobre lo que debemos reflexionar.

 

¿Por qué ahora?

Si el problema viene de tan lejos cabe preguntarse: ¿Por qué ahora este estallido de violencia ciega? ¿Por qué en este momento? La respuesta está a mi juicio en los Acuerdos Abraham por los que varios países árabes (EAU, Bahréin, Marruecos y Sudán) reconocieron al Estado de Israel y establecieron relaciones diplomáticas a cambio de regalos de la Administración Trump (en el caso de Marruecos fue el reconocimiento de su soberanía sobre el Sáhara Occidental).

 

«Los palestinos han sentido cómo se acababa el derecho de veto que de facto habían tenido hasta ese momento sobre la normalización de relaciones entre Israel y el mundo árabe»

 

Ninguno de estos países árabes tuvo que mover un dedo para aprovechar la oportunidad de mejorar la suerte de los palestinos, que sintieron cómo se acababa así el derecho de veto que de facto habían tenido hasta ese momento sobre la normalización de relaciones entre Israel y el mundo árabe. Luego, el estallido de la guerra de Ucrania hizo que el mundo se olvidara aún más de su predicamento y en ese momento Washington decidió impulsar el acercamiento entre Israel y Arabia Saudita, país líder del mundo sunnita (80% del total de musulmanes) cuyo rey ostenta el título de Custodio de las Dos Mezquitas, por las de La Meca y Medina. En ese momento los palestinos vieron que o lo impedían o desaparecerían irremediablemente por el desagüe del olvido histórico.

Cabe también interrogarse sobre el futuro (con toda la prudencia del mundo porque está siempre lleno de sorpresas). Israel ha declarado una “guerra” sobre Gaza todo su poderío militar “por tierra, mar y aire” y sus políticos y soldados hablan de arrasar el enclave (dejarlo “como un parquin”) y exterminar a Hamas. Tienen capacidad para convertirlo todo en escombros pero las ideas son más difíciles de eliminar. Es comprensible que deseen venganza tras lo ocurrido, aunque eso signifique invadir Gaza e iniciar una cruenta y difícil batalla urbana en la que se luchará casa por casa con enorme mortandad porque estas cosas se saben cómo empiezan, pero no cómo terminan. Hamas sabía que esto iba a ocurrir, contaba con ello y no parece importarle el sufrimiento de civiles a los que Israel ya ha dejado sin suministros o electricidad que impide que los mismos hospitales funcionen.

A Hamas no le importa, lo esperaba y hasta se diría que lo desea porque sabe que las imágenes del desastre humanitario –con las terribles del hospital bombardeado– recorrerán el mundo y al final acabarán volviéndose contra Israel al que se pedirá clemencia y proporcionalidad en la respuesta, aunque haya rechazado su autoría. De agresores ahora desean que el mundo los vea como los agredidos. Prueba de ello es que Hamas haya rechazado en los primeros días del conflicto la oferta de abrir un corredor humanitario desde Egipto que alivie las penurias de los gazatíes. No le importan nada. Y además se guarda la baza de los rehenes capturados a los que puede ejecutar, utilizar como escudos humanos o canjear, y que la sociedad israelí demandará recuperar por encima de todo. Su drama también nos conmueve.

 

Tres peligros inminentes

Hay tres peligros a muy corto plazo: confundir a Hamas con los palestinos, porque no son lo mismo, que “lobos solitarios” lleven a cabo actos terroristas en Occidente como venganza, y la extensión del conflicto a Cisjordania, Jerusalén Este, e incluso la frontera norte de Israel con Líbano donde opera Hizbulá con apoyo iraní en el llamado “Eje de Resistencia”. Hamas quizás piense que el sufrimiento de los gazatíes puede animarlos en contra de Israel. O que a Irán le interese utilizarlos, así como a otros aliados en los Altos del Golán, Siria, Irak o el mismo Yemen. Sería una pesadilla.

Una última consideración. La ocupación ha envenenado el alma de israelíes y palestinos que dejaron pasar las oportunidades de Madrid y Oslo para reconciliarse y buscar una solución en dos Estados con fronteras seguras e internacionalmente reconocidas. Luego, la multiplicación de los asentamientos y el terrorismo palestino han desprestigiado a la izquierda israelí, partidaria del entendimiento, y han acabado llevando al gobierno más extremista y nacionalista de la historia de Israel que quiere más territorio y menos palestinos. Eso plantea un dilema existencial para Israel, que debe decidir si quiere ser un estado judío y democrático o si lo que desea es poseer más territorio y tratar como ciudadanos de segunda a los palestinos que allí viven, en una especie de “bantustanización” que hace que se empiece a hablar de apartheid con cierta triste normalidad incluso dentro de Israel.

Por eso hay que ayudarles a decidir correctamente, porque en caso contrario lo que ocurre estos días se repetirá nuevamente dentro de algunos años en un bucle interminable de violencia. Desde la amistad, eso también implica hacerles oír estas verdades por incómodas que resulten, algo en lo que los Estados Unidos con su apoyo incondicional y acrítico tienen una primera responsabilidad. Aunque sea en estos momentos tan dramáticos en los que nos sentimos muy cerca del dolor de tantos inocentes hay que decirle a Israel alto y claro, desde la amistad, que lo que haga dentro de su derecho a la legítima defensa debe respetar el Derecho Internacional, el de la Guerra y el Humanitario.

La visita del presidente Biden ha ofrecido una oportunidad para mostrar respaldo a Israel, ciertamente, y para trabajar para la liberación de los rehenes (vinculando la ayuda humanitaria a su puesta en libertad) pero también para recordar a su aliado que tiene todo el derecho a defenderse y responder a la dura agresión recibida, pero que debe hacerlo dentro de los límites que impone el derecho internacional, que no puede dejar morir de hambre y sed a tantos seres inocentes, y, finalmente, ayudarle a diseñar un futuro para Gaza una vez que se libre del yugo de Hamas. Es un viaje que hay que entender en clave internacional (respaldo a Israel y advertencia a Irán) pero también en clave de política interna en un país donde la carrera por la presidencia de 2024 ya ha comenzado. Aunque ha sido aplaudida en Washington, la de Biden es una decisión arriesgada pues también coloca al presidente demasiado cerca de las atrocidades que se cometen y sin duda se seguirán cometiendo en Gaza, incluso por error. De entrada, los árabes que iban a reunirse con él en Amman han cancelado el encuentro.

 

Predicciones imposibles

Es imposible saber lo que ocurrirá a partir ahora, mientras escribo, cuando tras varios días de bombardeos está a punto de comenzar la invasión israelí de Gaza en la que se espera una lucha cruenta casa por casa. Cabe aventurar prudentemente algunas conclusiones preliminares como que habrá muchas bajas, muchas de ellas civiles y niños y eso dará lugar a protestas y manifestaciones anti-israelíes en todo el mundo; es imposible saber si Hamás será o no completamente destruido como se desea desde el gobierno israelí (la OLP de Arafat nunca lo fue pese a ser expulsada de Cisjordania y Gaza en 1967, luego de Jordania en 1971 y finalmente de Beirut en 1982… para acabar hoy gobernando en Ramalla), pero en todo caso parece muy improbable que pueda seguir controlando Gaza; también es difícil que Netanyahu pueda sobrevivir políticamente a los graves fallos de seguridad e inteligencia que se cometieron en el fatídico 7 de octubre, cuando los comandos de Hamás sorprendieron a un Israel que había bajado la guardia.

 

«Hay que ayudar a Israel a decidir correctamente porque en caso contrario lo que ocurre estos días volverá a ocurrir dentro de algunos años»

 

Finalmente, el futuro de esa “prisión al aire libre” –que es como la ONU ha descrito a Gaza– no está hoy nada claro pues Israel puede volver a ocuparla, como ya hizo entre 1967 y 2005, lo que Biden le desaconseja, o incluso anexionarla como piden los halcones más nacionalistas en Jerusalén, o entregarla a la Autoridad Palestina (difícil para ella regresar a Gaza sobre tanques israelíes), o a la ONU para que la gobierne una fuerza multinacional (los israelíes se fían muy poco de la ONU), y en todo caso se abren graves interrogantes sobre el futuro de la población palestina que allí aún vive o, por ser más preciso, malvive en lo que las víctimas ya empiezan a comparar con la “Nakba” o catástrofe de 1948. Lo que es cierto es que Oriente Medio se encuentra al borde del abismo, como ha recordado António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas.

Ojalá tanta tragedia alumbre una oportunidad para una paz duradera, con los Estados Unidos y toda la comunidad internacional detrás imponiendo una solución justa, como la de dos Estados, que las partes enfrentadas llevan años demostrando que son incapaces de alcanzar por sí solas. Espero no ser demasiado ingenuo por desearlo.