Autor: Eli Pariser
Editorial: Taurus
Fecha: 2017
Páginas: 256
Lugar: Barcelona

El filtro burbuja

SONIA RUIZ PÉREZ
 | 

La mitad de los 7.500 millones de personas que hay en el mundo usan internet, según datos de la agencia We are social Singapore. Respecto al uso de teléfonos móviles, la cifra sube: lo usan el 66% de las personas, de las cuales el 46% lo emplean para participar en redes sociales. Los móviles acaparan el 50% de las interacciones web a escala mundial, seguidos de los ordenadores de sobremesa y de los portátiles, con el 45%. Como se ve, la tecnología no es hoy un ente estático, sino dinámico, que nos acompaña allá donde vamos, incorporado a nuestro día a día como un instrumento más de desarrollo personal. La interacción de cada uno de nosotros con el entorno, cada vez más tecnologizado, no puede entenderse en términos pasados, más analógicos. Cada día cobra más relevancia, por ejemplo, la expresión el “internet de las cosas”, concepto que hace referencia a la interconexión digital de los objetos cotidianos, de forma que van convirtiéndose en objetos inteligentes. Es este desarrollo tecnológico el que nos permite encender un electrodoméstico a distancia, comprar un libro en Amazon a través de nuestro móvil, o interactuar en las redes sociales. Esta tecnología, sin embargo, tiene un precio: la personalización. En un mundo donde la tecnología es omnipresente y va camino de la omnipotencia, hay que ser consciente de sus peligros.

Esta es la idea fuerza impulsada por Eli Pariser en El filtro burbuja. Cómo la red decide lo que leemos y lo que pensamos, que acaba de publicar en España la editorial Taurus. En el libro, el autor realiza un exhaustivo recorrido, desde un enfoque multidisciplinar, sobre cómo la personalización de la experiencia digital nos sume en un “filtro burbuja que transforma de manera invisible el mundo que experimentamos mediante el control de lo que vemos y lo que no vemos. Interfiere en la interacción entre nuestros procesos mentales y nuestro entorno exterior”.

 

“Tú eres la única persona dentro de tu burbuja”

 

Pariser, presidente del consejo de Move On, la plataforma online de activismo político, y cofundador de Avaaz y Upworthy, revolucionó las redes hace unos años gracias a la difusión de una charla TED en la que introdujo el concepto del “filtro burbuja”, advirtiendo de sus dinámicas y riesgos. Realizó una visita a España el pasado junio al Espacio Fundación Telefónica, donde participó en un foro para la reflexión sobre cuestiones de tecnología digital y su influencia en ámbitos como las relaciones humanas, la política, la educación, la cultura, la economía o la medicina.

 

 

Inmersos en un mundo digital, Pariser pretende abrirnos los ojos acerca del conjunto de miguitas de pan que vamos dejando mediante nuestra interacción en la Red, un rastro de información digital de cada usuario que supone una fuente de datos para las grandes empresas, mediante las que estas personalizan la experiencia tomando como referencia el desempeño, los gustos y preferencias de cada persona. Según esta lógica, la experiencia en internet no será la misma para dos usuarios distintos, aunque busquen el mismo término en Google. Los resultados obtenidos de su búsqueda podrían ser completamente diferentes. El autor intenta abrirnos los ojos al hecho de que somos presas de un realismo ingenuo, pues nos inclinamos a creer que tenemos un completo dominio de los hechos, pero “si queremos saber cómo es verdaderamente el mundo, debemos entender cómo los filtros configuran y sesgan nuestra visión acerca de él”. El mundo de la personalización ajusta nuestro entorno para acercarse a nuestras preferencias y estados de ánimo.

El filtro burbuja nos conecta con ideas con las que ya estamos familiarizados y en sintonía. Esto no es siempre positivo. Las fuentes de información se reducen, la posibilidad de serendipia queda minimizada. Además, si bien la idea de la personalización de nuestro espacio digital es en cierta medida atractiva pues focaliza nuestros intereses –una vuelta, por cierto, “al universo problemático en el que el sol y todo lo demás gira a nuestro alrededor”, según Parisier–, esta reorganización no es un servicio que se nos ofrezca de manera altruista. Los datos que generamos mediante su uso constituyen una fuente de información muy útil para las empresas de marketing, interesadas en nuestro día a día. “Cuando somos conscientes de que todo lo que hacemos online queda registrado de manera permanente y es omnipresente, surge otro problema –apunta Pariser–: el conocimiento de que lo que hacemos afecta a lo que vemos y a cómo nos ven las compañías, puede provocar un efecto escalofriante”. Si la personalización continúa, el futuro cercano podría ser mucho más extraño y problemático de lo que muchos de nosotros somos capaces de imaginar.