POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 232

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez (d.), y el presidente chino, Xi Jinping (i.), llegan a una ceremonia de firma de acuerdos en la Moncloa (Madrid, 28 de noviembre de 2018). PABLO BLÁZQUEZ DOMÍNGUEZ / GETTY

España como puente entre el Norte y el Sur Global

El sistema internacional ya no gira en torno al mundo atlántico. España, una potencia media con conexiones extraordinarias en tres continentes, tiene la oportunidad de ser central en el nuevo orden mundial.
Manuel Muñiz
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El sistema internacional atraviesa una transformación estructural de gran profundidad. Durante más de medio siglo, el peso económico, tecnológico y político del mundo estuvo concentrado en el mundo atlántico. Hoy, sin embargo, ese equilibrio se está desplazando de forma sostenida hacia Asia y, en menor medida, hacia otras economías emergentes del llamado Sur Global.

Las cifras son muy claras. En las proyecciones que Goldman Sachs hace a 50 años, es decir hasta 2075, tres de las cinco mayores economías del mundo son países considerados hasta hace poco como asiáticos emergentes: China, India e Indonesia. En este dibujo es particularmente relevante el ascenso de India, que pasa de tener una economía en términos nominales de un tamaño análogo a la de Reino Unido (algo menos de cuatro billones de dólares) a una de más de 50 billones (muy por encima de los ocho billones que se estima como escala de la economía británica en esa misma fecha). Este desplazamiento de peso económico no es coyuntural, sino que responde a dinámicas demográficas, de acumulación de capital y de innovación tecnológica que están permitiendo a ciertos países asiáticos converger con las economías más avanzadas del mundo. Hay en este proceso un cierto recalibrado de desequilibrios que se consolidaron durante el siglo XX por los dispares niveles de desarrollo industrial y tecnológico entre el Este y el Oeste. Asia, por lo tanto, no está hoy ascendiendo, sino que está retornando al centro de la economía global. Un puesto que ocupó durante muchos siglos y que, de forma anómala, dejó de ocupar en el siglo XX.

El cambio es aún más visible cuando se observa la distribución del PIB global. Si en 2000 las economías desarrolladas representaban cerca del 77% del producto interior bruto mundial, las proyecciones indican que hacia mediados de siglo esa…

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