Los países del euro han dado un giro a la política fiscal para reducir los déficit públicos, tranquilizar a los mercados y evitar el contagio de la crisis de la deuda a toda la eurozona. Mientras que EE UU debate sobre la conveniencia de un nuevo paquete de estímulo fiscal para consolidar la débil recuperación, Europa aplica políticas fiscales restrictivas. Las reformas no persiguen eliminar los Estados del bienestar, sino garantizar su viabilidad ante la creciente integración en la economía global y el envejecimiento de la población.
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