Autor: Juan Sisinio Pérez Garzón
Editorial: Catarata
Fecha: 2018
Páginas: 304
Lugar: Madrid

Historia del feminismo

Amparo López Rovira
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La palabra feminismo sigue suscitando recelo, incluso en los ambientes más progresistas. Se repite como un exorcismo que las feministas son radicales, asociándose el feminismo a una ideología extrema, que solo busca un nuevo poder que anule las capacidades del varón. El feminismo, sin embargo, está lejos de estos tópicos, propios de las reacciones antifeministas. Pero sigue siendo necesario explicarlo: el feminismo es un movimiento que promueve el cumplimiento efectivo del principio de igualdad de todas las personas.

Juan Sisinio Pérez Garzón se encarga de ello en Historia del feminismo, analizando al detalle la evolución del que tal vez sea el mayor movimiento de transformación sociopolítica y cultural de la historia de las revoluciones liberales. El feminismo ha trabajado y trabaja por convertir a la mujer en una ciudadana de pleno derecho, contribuyendo a la conquista de derechos sociales, no solo para las mujeres sino para toda la población. El autor no se cansa de hacer hincapié: democracia y feminismo se exigen mutuamente.

Como señala Amelia Valcárcel en el prólogo, “el feminismo no ha perdido hasta la fecha de ninguna de las batallas en las que se ha empeñado”. La tarea del feminismo de hoy, el feminismo contemporáneo, es la de llevar a todos los rincones del mundo la igualdad entre los sexos.

Sin olvidar a las principales figuras femeninas que lucharon por la igualdad de los sexos (Olimpia de Gouges, Mary Wollstonecraft…), el autor aborda la posición de la mujer desde la Antigüedad, sobre todo en la tradición judeo- cristiana, hasta nuestros días. Pasando por las premisas ilustradas del siglo XVIII, donde se afirmaba que todos los hombres nacen libres e iguales. Precisamente estas ideas, que derrocaron el Antiguo Régimen, impulsaron a la mujer a luchar porque dicha libertad e igualdad no pudieran ser arrebatadas a la mitad de la población.

Sin embargo, a pesar de la colaboración activa en distintas revoluciones (como la francesa o la estadounidense), en paralelo surgió el movimiento que de nuevo las encerró en el que debía ser el único dominio de la mujer: el hogar. La llegada del Romanticismo vinculó a la mujer la imagen de “sexo débil”, encargada del hogar y de los hijos. A la vez, corrientes científicas argumentaban indiscutibles diferencias biológicas, que apartaban a la mujer de tareas como la política o las profesiones liberales. El destino de la mujer era uno y estaba claro: la procreación.

Fue con la llegada del capitalismo cuando se genera una estructura dual en el mercado laboral. Se desarrolló un enfoque de las ocupaciones femeninas fuera del hogar como la prolongación de las tareas domésticas: enfermeras, maestras, secretarias… Más adelante, la separación física del lugar del trabajo y el espacio familiar, la consecuente integración de la mujer en distintas esferas productivas, la aceptación de la educación de la mujer y más revoluciones, como la bolchevique, produjo la “nacionalización” de la mujer, que suponía entenderla como sujeto y objeto de las preocupaciones del Estado.

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, la mayoría de las mujeres se sumaron a la causa nacional y abandonaron sus propias reivindicaciones, dedicándose a causas sociales. Fue con la Segunda Guerra Mundial cuando se terminó por abandonar toda lucha y reivindicación, “recuperando” sus casas y sus papeles de esposas.

Hasta la década de los sesenta, con acontecimientos como Mayo del 68, no aparecieron nuevas corrientes feministas que sumaban a la lucha por la igualdad política y legal, la social y cultural, surgiendo con ellos distintos tipos de feminismos analizados a lo largo del libro. Desde el feminismo liberal o radical, hasta lo que hoy conocemos como empowerment.

Pérez Garzón los analiza todos, con afán didáctico y la vista puesta en el futuro. La lucha continúa.