AFKAR-IDEAS  >   NÚMERO 67

Impulsar las CVR en el norte de África para hacer frente a la crisis global

A pesar de que se dan las bases de un mercado integrado dinámico, el comercio intraempresarial está lejos de lograr su nivel óptimo y de explotar el potencial de las cadenas de valor regionales.
Aziz Jaid
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El Norte de África (Argelia, Egipto, Libia, Marruecos, Mauritania, Sudán y Túnez) es una de las regiones menos integradas del mundo, con apenas el 5,2% del comercio intrarregional, a pesar de que existen los principios vertebradores de un mercado dinámico integrado, con un Producto Interior Bruto (PIB) nominal medio de aproximadamente 3.000 dólares por habitante, una continuidad del espacio físico y buenas infraestructuras de transporte. La existencia de la mayoría de estos determinantes no ha sido suficiente para situar los intercambios entre empresas en su nivel óptimo y explotar el potencial de desarrollo de cadenas de valor regionales (CVR).

Históricamente, Túnez y Egipto son los países mejor integrados en el comercio entre los países del Norte de África con exportaciones que representan, respectivamente, el 11,4% y el 7,3% de sus exportaciones totales. Sudán, con una tasa de integración superior a la de Egipto (8,9% frente al 7,3%), concentra buena parte de sus exportaciones en el mercado egipcio y comercia relativamente poco con el resto de la subregión. Argelia, gracias a sus exportaciones de gas natural a la subregión, ocupa una posición intermedia con un 4,4%. Por el contrario, las exportaciones norteafricanas de Marruecos, Libia y Mauritania apenas superan el 2,1%, 0,8% y 0,1% de sus exportaciones totales de bienes.

Estos datos explican la escasez de cadenas de valor regionales en el Norte de África, cuyo potencial es importante por las razones mencionadas anteriormente. El objetivo de este artículo es identificar las oportunidades y desafíos para la construcción de determinadas CVR y su papel en la mitigación de los efectos de la crisis global actual.

Se han seleccionado tres sectores de actividad: fertilizantes fosfatados, energías renovables y textil y confección. La elección de estos sectores se basa en una combinación de argumentos: su importancia para las economías de la subregión, su potencial de desarrollo y su posible papel a la hora de mitigar los efectos de la crisis actual, especialmente en lo que respecta a la crisis alimentaria, la crisis energética y la conservación y protección de los empleos.

 

La seguridad alimentaria y el papel de los fertilizantes fosfatados

Las perturbaciones del mercado global, provocadas por la pandemia de la Covid-19, exacerbadas por la guerra de Ucrania y amplificadas por los crecientes efectos del cambio climático, amenazan la seguridad alimentaria en el Norte de África y reducen su capacidad de alimentar a su población con la producción agrícola interna.

Asimismo, el aumento de los precios de los alimentos y su volatilidad tienen un impacto directo en los esfuerzos de la subregión para reducir la pobreza, el hambre y la desnutrición. El acceso a los fertilizantes para futuras temporadas de siembra es fundamental para limitar a tiempo los efectos de la crisis actual, promover la producción de más alimentos y de mejor calidad para su población y evitar comprometer las iniciativas de desarrollo emprendidas.

En este contexto, el Norte de África debe impulsar soluciones norteafricanas. La subregión dispone de las mayores reservas de fosfatos del mundo y de los recursos humanos, económicos y técnicos necesarios, y del marco institucional capaz de promover un mayor y más sostenible uso de los fertilizantes. De hecho, la puesta en marcha efectiva de los instrumentos operativos de la Zona de Libre Comercio Continental africana (ZLCC), así como las iniciativas de apoyo en todo el continente para promover el uso de fertilizantes deben contribuir a lograr el objetivo deseado de una Revolución Verde en la agricultura africana (el Mecanismo Africano de Financiación de Fertilizantes se creó en 2007 a raíz de la Cumbre para una Revolución Verde Africana, en Abuya, Nigeria).

 

 

En efecto, los recursos de fosfato de Marruecos, Egipto, Argelia y Túnez son bastante elevados. Los tres primeros países poseen las tres primeras reservas africanas de este mineral y se encuentran entre los 15 primeros del mundo en 2021 en cuanto a producción, según Mineral Commodity Summaries (2022). Además, Marruecos posee más de dos tercios de las reservas mundiales de fosfato. Libia, Mauritania y Sudán no tienen reservas significativas de fosfatos.

La relativa abundancia de recursos de fosfatos en los países del Norte de África, y por extensión su capacidad para producir fertilizantes fosfatados, los impulsa a desempeñar un papel crucial para la seguridad alimentaria en la subregión y en todo el continente.

Las exportaciones de fertilizantes de Argelia, Egipto, Marruecos y Túnez son muy importantes, pero su participación en el comercio intrarregional es pequeña. Solo Túnez está relativamente bien integrado. De hecho, las exportaciones de productos químicos inorgánicos y fertilizantes a sus vecinos representan el 10% de sus exportaciones totales. Para los demás países, esta parte no supera el 2,5% (Egipto). Las exportaciones norteafricanas de Marruecos, uno de los principales productores mundiales de fosfatos, no alcanzan el 1%.

Por otra parte, el comercio cruzado de fertilizantes muestra que Argelia debería importar más fertilizantes minerales o químicos de Túnez o Marruecos. Del mismo modo, Marruecos y Túnez deberían sustituir sus importaciones de fertilizantes químicos nitrogenados de Rusia por importaciones procedentes de Argelia.

Sudán podría sustituir sus importaciones de fertilizantes nitrogenados químicos de Jordania con importaciones de Egipto o Argelia.

En resumen, el comercio entre los países del Norte de África en el sector de los fosfatos y sus derivados químicos sigue siendo bastante escaso en comparación con el comercio con el resto del mundo. De hecho, la demanda local de fertilizantes y productos químicos inorgánicos de Egipto, Argelia y Sudán se satisface principalmente con importaciones de otros países como China, Bélgica y Turquía.

A nivel continental, las importaciones africanas de fertilizantes fosfatados ascienden a 2.100 millones de dólares en 2021, lo que representa alrededor del 6% del mercado mundial. Los cinco principales mercados africanos de fertilizantes fosfatados son: Etiopía, Yibuti, Kenia, Sudáfrica y Costa de Marfil.

Una parte relativamente grande –59% en 2021– de las importaciones de fertilizantes fosfatados de África procede del continente. Algunos países, entre los mayores importadores africanos, obtienen más del 95% de sus necesidades de proveedores africanos. Es el caso de Etiopía, Yibuti y Nigeria.

Se podría alcanzar una tasa de integración adicional del 26% en fertilizantes fosfatados si Sudáfrica, Kenia y Tanzania reemplazaran a sus proveedores internacionales con proveedores africanos.

Además del potencial para aumentar el comercio intraafricano de fertilizantes fosfatados mediante la sustitución de proveedores externos por productores africanos, en particular para los países importadores relativamente dependientes del exterior, el aumento del uso de fertilizantes en el continente también ofrecería a los países africanos productores oportunidades de mercado adicionales.

De hecho, el uso de fertilizantes en el continente sigue siendo uno de los más bajos del mundo (las estadísticas más recientes muestran que en África, excluyendo África del Norte, es de 20 kg/ha en 2018, según el Banco Mundial). El actual contexto de inseguridad alimentaria y la necesidad de incrementar el uso de fertilizantes para contribuir a aumentar la productividad agrícola con el fin de alimentar mejor al continente anima a los responsables políticos a aprovechar las iniciativas continentales y regionales que ya existen para fomentar aún más el uso de fertilizantes.

 

El lugar de las energías renovables para la seguridad energética sostenible

En el campo de la energía, los países del Norte de África se enfrentan a desafíos muy diferentes en función de la disponibilidad y acceso a los recursos energéticos. Las tendencias actuales en el mercado mundial de la energía vuelven a poner en tela de juicio la capacidad de los países no productores de hidrocarburos de la subregión para proporcionar a su población energía asequible, mientras que Argelia, Egipto y Libia, grandes productores de hidrocarburos, se benefician de las medidas adoptadas por la Unión Europea para limitar su dependencia del gas y del petróleo rusos. Estos tres países pueden, a corto y largo plazo, aumentar su cuota de mercado, gracias principalmente a las oportunidades creadas por la guerra de Ucrania. Por el otro lado, la transición energética global, impulsada por la lucha contra el cambio climático y el abandono del programa de combustibles fósiles, en particular a través del compromiso asumido por la UE de lograr la neutralidad climática en 2050, requiere que los países revisen sus estrategias energéticas y reorienten su producción hacia las energías renovables.

Esta observación es válida también para otros países de la subregión no productores de hidrocarburos y que tienen dificultades para acceder a recursos energéticos asequibles, realidad que se agudiza aún más con la crisis actual. Además, el cambio climático tiende a agravar el impacto de las presiones inflacionarias sobre los productos energéticos, principalmente los basados en combustibles fósiles. La transición a las energías renovables es ahora una de las prioridades políticas de varios países de la región, en particular de los países no productores de petróleo.

Estos desafíos impulsan a los Estados a desarrollar y adoptar políticas sensatas, tanto a corto plazo con el fin de limitar el impacto inmediato de la crisis actual sobre sus economías y sus poblaciones, como a largo plazo para garantizar la seguridad energética independientemente de posibles crisis. La integración regional, sobre todo por medio de la implementación efectiva del ambicioso proyecto de ZLCC, constituye un marco real para ayudar a la subregión a superar la situación actual.

Los países del Norte de África tienen un enorme potencial en términos de energías renovables, y de energía solar en particular. La ausencia de datos estadísticos precisos limita la evaluación del alcance de estas capacidades. Los países de la región pueden desarrollar una CVR en dos niveles, el de la industria fotovoltaica y el de la producción de energía solar.

 

CVR de la industria fotovoltaica

Parece difícil que los países de la región puedan ocupar todos los segmentos de la cadena de valor que constituyen la industria fotovoltaica, dado que esta última aún se encuentra en sus primeras etapas de desarrollo y algunos segmentos (como la producción de obleas) requieren tecnologías muy avanzadas. Por otro lado, los países cuentan con elementos para lanzarse a fabricar materiales básicos como la producción de silicio de calidad solar. El desarrollo de las CVR de la industria fotovoltaica puede realizarse mediante la llegada de una o varias empresas multinacionales especializadas en la producción de obleas, células y módulos fotovoltaicos. Las empresas locales pueden encargarse de la producción de silicio y del montaje de los componentes que constituyen los paneles fotovoltaicos. En otras palabras, las empresas locales pueden hacerse cargo de los dos segmentos situados en los extremos opuestos de la cadena de valor de esta industria.

 

CVR de energía solar

El desarrollo de CVR en la industria fotovoltaica permitirá aprovechar mejor las oportunidades en el ámbito de la producción de energía solar. Los países del Norte de África forman parte de un plan estratégico global para abastecer de energías limpias a Europa, que prevé utilizar al menos un 20% de estas energías de aquí a 2030. Los proyectos del Plan Solar Mediterráneo para el Norte de África, elaborado por la Unión por el Mediterráneo, aunque parezca que se han dejado de lado, prevén una capacidad de exportación acumulada a Europa de unos 22.000 MW para 2030. Esto constituye una gran oportunidad para la región, pero ningún país puede desarrollar esta industria por sí mismo.

 

El sector textil y de la confección, una palanca para la protección del empleo y los ingresos

El sector textil y de la confección es responsable de la creación de numerosos puestos de trabajo en algunas economías norteafricanas. En este sentido, funciona como una palanca estabilizadora de la producción industrial y remunera a una parte nada desdeñable de la fuerza de trabajo. Está constituido, principalmente, por pequeñas y medianas empresas que operan en subcontratación para compañías internacionales que, a su vez, alimentan el mercado mundial

El desarrollo de CVR en este sector, que se beneficiaría de las estructuras productivas existentes en una sinergia de producción colaborativa y complementaria, permitiría a los países de la subregión reducir los efectos de las perturbaciones en el mercado internacional, en términos de cadenas de abastecimiento, establecer un mecanismo de protección interna de empleo e ingresos y promover el aumento de la competitividad de un importante tejido de pequeñas y medianas empresas.

Los datos estadísticos sobre comercio cruzado muestran que Argelia, Libia y Mauritania exportan relativamente poco a otros países del Norte de África. La ausencia de flujos de exportaciones significativos está ligada a la ausencia de una industria productiva suficientemente desarrollada en estos tres países. La situación de Sudán es muy semejante, con el 11% de sus exportaciones totales de algodón destinadas a Egipto. Esta constatación demuestra que Argelia, Libia y Mauritania no están integrados en la CVR del sector textil y de la confección. Solo Sudán puede considerarse débilmente integrado en el punto de partida de esta cadena de valor.

 

Para solucionar las dificultades de las CVR hay que actuar sobre tres ejes: mejora de la infraestructura de transporte y logística, reformas institucionales y desarrollo de las capacidades de los actores locales

 

Por el contrario, Marruecos, Egipto y Túnez dominan el sector textil y de la confección en el Norte de África y acaparan casi el 97% de las exportaciones totales de la región. Las exportaciones intrarregionales de los tres países son relativamente significativas en volumen, aunque su participación en las exportaciones totales es bastante baja, y no supera el 5,8% en Egipto, el 1% en Marruecos y el 0,8% en Túnez. Esto se explica por el hecho de que la producción nacional del sector textil y de la confección de estos tres países está controlada mayoritariamente por empresas extranjeras (multinacionales que se establecen para explotar los incentivos específicos de cada país y destinar la producción a la exportación a los mercados de los países desarrollados, principalmente la UE). Estas últimas recurren muy a menudo a subcontrataciones de empresas nacionales.

Las exportaciones intrarregionales de Túnez y Marruecos, consistentes en productos acabados, se destinan en gran parte a Argelia para satisfacer la demanda local. Las exportaciones de Egipto a Túnez y Marruecos son relativamente más importantes. Egipto es el país relativamente mejor insertado en la actual CVR del sector textil y de la confección.

El comercio entre Egipto, Marruecos y Túnez afecta principalmente a productos intermedios y productos semielaborados como el algodón, los tejidos de algodón y los tejidos especiales. Sin embargo, las exportaciones de estos productos en relación con las exportaciones totales de cada uno de estos tres países siguen siendo insignificantes. Las exportaciones a otros países del Norte de África (Argelia, Libia, Mauritania y Sudán) afectan principalmente a productos acabados como prendas de vestir, artículos textiles y artículos confeccionados. Estas exportaciones están destinadas a satisfacer la demanda local en estos cuatro países.

El análisis revela que se pueden aprovechar importantes oportunidades para construir CVR en el sector textil y de la confección en el Norte de África. Así, Egipto, Marruecos y Túnez deben importar más materias primas (lana, algodón, etc.) de países de la región. También deben beneficiarse más significativamente del acuerdo de Agadir que obliga a los tres países a impulsar su comercio en el sector.

 

Implicaciones y recomendaciones

Para solucionar las dificultades en el desarrollo de las CVR, que son a la vez normativas, institucionales y logísticas, las recomendaciones deben formularse en forma de plan de acción regional, articulado en torno a los siguientes ejes: mejora de la infraestructura de transporte y logística, reformas institucionales y desarrollo de las capacidades de los actores locales.

 

Mejora de las infraestructuras de transporte y logística

La facilitación del comercio entre los países del Norte de África requiere la puesta en marcha de programas regionales y nacionales que incluyan proyectos estructurales de infraestructura de transporte y logística (red de carreteras y autopistas, ferrocarriles interconectados, enlaces marítimos y aéreos, equipamientos y servicios de apoyo). Como se menciona en un informe publicado en 2015 por la Comisión Económica para África («Transporte internacional y facilitación del comercio en el Norte de África») se deben emprender acciones adicionales para mejorar la conectividad física entre los países de África. Las siguientes acciones, por ejemplo, son fundamentales:

– desarrollar infraestructuras logísticas y de transporte adecuadas a cada sector y específicas para determinados productos;

– simplificar aún más los procedimientos de control aduanero y fronterizo;

– acelerar el reconocimiento común de normas técnicas, sanitarias y fitosanitarias;

– impulsar la firma de acuerdos bilaterales para el reconocimiento mutuo de certificados de conformidad de productos importantes para facilitar el comercio.

 

Reformas institucionales

La mejora del marco institucional y administrativo debe orientarse a reducir los obstáculos existentes. El objetivo de las acciones recomendadas es llevar a los distintos países del Norte de África a compartir un marco institucional armonizado y las mismas disposiciones administrativas que faciliten el intercambio de bienes. Se debe adoptar una serie de buenas prácticas en lo que se refiere a leyes y reglamentos que rigen el comercio, inspirándose en las referencias y estándares internacionales. Se debe dar prioridad a las siguientes acciones:

– luchar contra la preponderancia del mercado informal en algunos países del Norte de África;

– impulsar “redes de empresas” a través de la organización de eventos profesionales (ferias, visitas de empresarios);

– desarrollar una plataforma de comercio electrónico para unir a las empresas de la región.

 

Desarrollo de las capacidades de los actores locales

Varias acciones complementarias deben apuntar a la consolidación de las capacidades de los actores locales, especialmente de las pequeñas y medianas empresas, para mejorar su competitividad y consolidar la cooperación regional. El objetivo debe conducir a la realización de la siguiente línea de actividad: mejorar las capacidades de las empresas locales, incluso mediante la adopción de nuevas técnicas y tecnologías de producción./