POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 234

Inmigrantes alineados

En la obra maestra de Salman Rushdie, Gibreel y Saladin encarnan dos caras de un mismo exilio. Ni la asimilación ni la huida los libran de ser, para siempre, extranjeros.
Alfonso Goizueta
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La mera mención de Los versos satánicos (1988), el clásico contemporáneo del escritor indio-británico Salman Rushdie (n. 1947), evoca en el imaginario popular el terrorismo del ayatolá Jomeini, que meses después de la publicación del libro promulgó una fetua en la que condenaba a muerte a su autor. Rushdie ha pasado su vida en peligro (el último atentado le costó el ojo, en 2022) por haber insinuado en las visiones oníricas de uno de sus personajes que los versos coránicos revelados al profeta Mahoma fueron en verdad cosa del diablo. Pero más allá de esta intrahistoria que hace del libro un canto a la libertad de pensamiento frente al fundamentalismo, Los versos satánicos es, como dijo el crítico Timothy Brennan, una obra capital sobre la alienación del inmigrante.



Los versos satánicos
Salman Rushdie
Publicación original: 1988
Random House, 2022
560 págs.


En una novela donde cada escena es símbolo, la historia comienza con Gibreel y Saladin, dos indios vinculados con el mundo de la actuación (la máscara), en caída libre sobre suelo británico tras haber sobrevivido a un atentado en un avión. Tirando de realismo mágico, Rushdie presenta en sus dos personajes experiencias distintas de transformación, ambas igualmente alienantes. Durante la caída Gibreel se convierte en una suerte de figura angelical (parodia del arcángel Gabriel) capaz de conectar con fantasías oníricas (¿de inspiración divina?) que nadie más entiende; esta esquizofrenia de sueños lo llevará a desconectarse y desconfiar más de la realidad: agrava así su canallería (traiciona a Saladin), su violencia (asesina a Allie, su propia novia) y su locura.

 

«Saladin queda despojado de su identidad construida, sin que eso le haga sentirse cómodo en la identidad de la que venía huyendo»

 

Saladin, por el contrario, sufre una transformación demoníaca: le crece pelo en las patas, siente cuernos…

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