POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 21

Inversiones japonesas en España

Luis Alcaide de la Rosa
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En el desarrollo de nuestras relaciones económicas internacionales, Japón constituye una excepción, incluso inquietante. No se trata tanto del volumen de las cifras intercambiadas sino de los síntomas que puede revelar el escaso interés de Japón por la economía española, excepto como suministrador de mercancías.

El proceso de liberalización del comercio exterior ha generado un notable incremento de los volúmenes de mercancías comercializadas, una apreciable diversificación de las corrientes de intercambios y, especialmente, un flujo ascendente y caudaloso de inversiones y operaciones financieras. Desde la perspectiva del puro comercio nuestras importaciones reflejan un continuado incremento de la participación de la CE a costa de los suministros recibidos de otros continentes. En 1985 las importaciones procedentes de la CE representaban el 36,6 por cien del total mientras que en 1990 han sido el 59,5 por cien del total. Esta desviación de comercio se ha conseguido a costa de una menor participación de las importaciones procedentes de África, Asia y América, incluidas las que tienen su origen en EE.UU. (también en nuestro mercado se ha manifestado el menor tono de competitividad de la economía estadounidense). La única excepción apreciable es la de Japón. No sólo no ha reducido la participación de sus ventas dentro del flujo total de compras realizadas por España sino que las ha aumentado. En 1985 representaba el 2,8 por cien de nuestra importación y en 1990 supone el 4,4 por cien. Japón ha incrementado sus volúmenes de ventas a España y además ha ganado una importante cuota en nuestro mercado. El fenómeno inverso no ha tenido lugar, España no ha aumentado su participación en las importaciones japonesas y el índice de cobertura, relación entre ventas españolas y compras japonesas, es descaradamente uno de los más bajos de la OCDE1.

Esta agresividad comercial japonesa se ha compensado…

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