El atentado terrorista del 7 de octubre de 2023, de una magnitud sin precedentes, supuso un punto de inflexión crucial para la región. El hecho de que una violencia semejante pudiera desatarse en territorio israelí, en los alrededores de Gaza, reveló una vulnerabilidad inédita de Israel. A pesar de su considerable arsenal militar y del alto nivel de preparación de sus fuerzas armadas, alrededor de 2.000 miembros de Hamás fueron capaces de asaltar bases militares y penetrar en una quincena de localidades para perpetrar matanzas sistemáticas (más de 1.200 personas asesinadas). Además, 240 personas fueron tomadas como rehenes a Gaza.
Ante tal violencia, como Israel jamás había conocido desde su creación, resultaba evidente que la respuesta sería fuera de lo común, pero ¿hasta dónde? Casi tres años después, se observa que Israel ha emprendido un cambio radical en la configuración regional con el objetivo de debilitar de forma duradera, o incluso eliminar, lo que Benjamin Netanyahu ha denominado el «eje del mal», la alianza Hamás-Hezbolá-Irán. Para Israel ya no se trataba solo de debilitar temporalmente a este trío, sino de asestarles un golpe, si no fatal, al menos muy grave. A principios de junio de 2026, cabe decir que Israel ha cosechado numerosos éxitos tácticos, pero los objetivos estratégicos no se han alcanzado por el momento, aunque es necesario distinguir entre los tres teatros de operaciones.
Éxitos tácticos, impasses estratégicos
El 10 de octubre de 2025, Donald Trump logró imponer un alto el fuego en Gaza que puso fin oficialmente a la guerra en la Franja. Para ser más precisos, el alto el fuego puso fin a la fase directa y violenta de la guerra, pero no impidió que continuara un «conflicto de baja intensidad», que se materializó sobre todo en ataques selectivos y regulares del ejército contra militantes…



