POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 123

La cooperación española, de la adolescencia a la madurez

FRANCISCO-JAVIER URRA
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Pese a crecimientos anuales del 20 por cien en la ayuda al desarrollo, la política de cooperación española es poco eficiente. El aumento de los recursos destinados a la cooperación se enfrenta a un modelo institucional obsoleto y a la ausencia de un enfoque estratégico.

La transformación de España en las últimas décadas ha tenido un reflejo en su posición exterior y en el papel asumido respecto de los diferentes asuntos de la agenda internacional. De un país encerrado sobre sí mismo y con una concepción de la acción exterior como mera prolongación de las necesidades interiores, España ha reafirmado su presencia y activismo en la comunidad internacional. La transformación es especialmente visible en el compromiso con la cooperación internacional al desarrollo. En un periodo relativamente breve, España ha pasado de ser un país receptor de ayuda, a ser en la actualidad el octavo donante mundial de ayuda oficial al desarrollo, en sintonía con su posición como octava economía internacional.

Esta radical transición no sólo se ha reflejado cuantitativamente en un sustancial incremento del volumen de ayuda, sino también en la posición de la cooperación en la agenda exterior de España. La cooperación al desarrollo es hoy uno de los pilares de la política exterior española, hasta el punto de haber motivado la ampliación del ministerio de Asuntos Exteriores, que ha añadido “y de Cooperación”. Así, la cooperación al desarrollo en España ha vivido una adolescencia, en la que, tras una fase de nacimiento y formación en los años ochenta y noventa, ha experimentado un “estirón” sin precedentes. Sin embargo, la adolescencia implica una fase marcada por los desajustes en esa transición de la imposible infancia a la necesaria madurez. La cooperación española al desarrollo está hoy aquejada de tal problema, con una vocación de altura pero aún encorsetada por…

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