La minería en la cuarta revolución industrial
La obra colectiva que lleva por título «Materias primas fundamentales para la cuarta revolución industrial”, reúne un conjunto de trabajos de gran actualidad e interés sobre un hecho antiguo e inescindible de la realidad energética, como es el sector minero, que ahora cobra nuevas dimensiones y alcance en un mundo en constante transformación.
El libro es resultado de los trabajos de un grupo de investigación que dirige la profesora Remedios Zamora Roselló, y está integrado por un conjunto de expertos, en su mayor parte académicos, de especial solvencia y conocimiento de los temas que abordan.
La primera e inmediata reacción que se puede obtener de la lectura de las contribuciones que forman este estudio de investigación, es tan simple como elocuente: la aportación de los minerales son un elemento esencial, de naturaleza estratégica, para alcanzar y mantener la transición energética y por ello, los objetivos de descarbonización. Por supuesto, tanto a nivel global, en un balance de conjunto de la misma, como desde la perspectiva local en función de las necesidades, disponibilidades y capacidades de adquisición y adecuada penetración o encaje en la cadena de valor de la producción energética, de estos activos energéticos estratégicos que son los minerales críticos.
Los acontecimientos que han tenido lugar en el último lustro revelan inequívocamente la dimensión geopolítica de la energía. El covid evidenció que sin energía el mundo se detiene o retrocedería abruptamente varios siglos en su modelo social, y que la energía esta con frecuencia en el centro de los conflictos geopolíticos, como revela inequívocamente la agresión rusa al territorio ucraniano.
Es la energía y son los minerales que en buena medida la sustentan, una industria y sector esencial para la economía, pero también un indicador fundamental para medir el bienestar y prosperidad social de cualquier comunidad humana.
A su vez, la energía debe entenderse hoy como una realidad inseparable de la política climática y el imperativo de la reducción de emisiones contaminantes a la atmósfera a través de los procesos de reducción y mitigación acordados a nivel internacional. Y, la industria minera está en la actualidad en el centro de todas estas cuestiones. Como lo fue basal para el nacimiento de la revolución industrial.
La minería reaparece ahora con especial protagonismo al advertirse que el camino hacia la deseable transición energética y la necesaria descarbonización económica e industrial debe tener muy en cuenta las implicaciones de los minerales y sus componentes asociados, como factor de producción o valor añadido agregado al diseño, fabricación, suministro y entrega al mercado de las soluciones energéticas.
Así, por tanto, podemos afirmar que en la transición energética interviene también, como un factor de primera importancia, el análisis de la economía de los minerales. Dicho en otros términos, el conocimiento preciso de los recursos y reservas, localización, flujos de intercambio y necesidades que para la producción energética y de otras industrias y tecnologías contemporáneas se precisa o exige, del sector minero.
Los trabajos presentados en el libro citado centran preferentemente su atención en la estructura minera europea y sus insuficiencias, vulnerabilidades o dependencias; pero se abre igualmente a la comparativa con otras regiones o países cuya posición siempre reclama lectura de afinidad estratégica con nuestro continente, como son los Estados Unidos, como hacen con gran pertinencia de análisis Eloy Álvarez Pelegri y Macarena Larrea Basterra.
La labor de investigación europea de este libro se ha focalizado en el cuadro normativo europeo que impulsa reformas legislativas en favor de una estructura minera europea que se pretende sea menos dependiente, mejor diseñada estratégicamente, económicamente más completa, innovadora y eficiente y, por tanto, capaz de añadir valor a su propuesta estratégica en el ámbito energético-industrial sin debilitar sus capacidades de oferta, ni descuidar la atención a sus necesidades de ensamblaje y consumo.
Naturalmente, el análisis del contexto norteamericano, de recursos, políticas y regulación, permite que en esta obra se aborden ejercicios comparados entre la situación del gran gigante americano y la UE.
Dos reflexiones previas en punto a esta cuestión deben ser expresadas. La primera es que ambas regiones parten de un análisis común: su falta de liderazgo en el diseño de una estrategia y política energético-minera, por contraste con otras regiones o naciones del mundo y, en particular, con China; y, segundo, la urgencia, por ello, de establecer una estrategia nueva, correctiva de la inacción o falta de pericia anterior, y reforzar las políticas públicas al efecto, los mecanismos de cooperación tecnológica, la estrategia industrial y fiscal, las medidas regulatorias y la ponderación de su impacto climático.
Por dicha razón, los Estados Unidos, han puesto en marcha en los últimos tiempos un conjunto de medidas, que podríamos calificar jurídica y económicamente de urgencia, que vinculan tres adjetivos calificativos: fundamental, estratégico y crítico, al definir los componentes del sector e industria minera. Se trata de ordenar un sector integrado por recursos esenciales, desde el orden geopolítico al industrial o laboral, pasando por el económico, comercial, tecnológico, logístico, jurídico…, cuyo valor para el éxito de la transición energética resulta decisivo. Sin recursos minerales no es posible situar en el mercado muchas de las principales tecnologías o componentes de las mismas que protagonizan y hacen posible las transiciones energética y digital.
La nueva legislación europea en esta materia y, en particular, el Reglamento de mayo del 2024, por el que se establece un marco para garantizar un suministro seguro y sostenible de materias primas fundamentales, afirma de forma inequívoca que “el acceso a las materias primas es esencial para la economía de la Unión y para el funcionamiento del mercado interior”. Para ello, se deben cumplir tres fines estratégicos centrales: mejorar la capacidad de acción de la UE en este ámbito; reducir el riesgo de suministro exterior; y garantizar la libre circulación de las materias primas fundamentales.
En el libro se destacan las nuevas prioridades europeas: evaluar los recursos geológicos propios y aumentar el uso de sus recursos en la esfera de materias primas estratégicas a fin de que el 10% de su producción resulte del proceso extractivo en territorio comunitario y el 40% en la fase de procesamiento. En razón de esta preocupación, el legislador europeo incorpora un mandato concreto dirigido a los Estados miembros: elaborar programas nacionales de exploración, mapas predictivos de recursos y una cartografía de minerales a la escala adecuada. Asimismo, la capacidad de reciclado de la UE debe conseguir que se produzca en suelo comunitario el 25% del consumo agregado anual de materias primas estratégicas.



