Elogiándolo por su “liderazgo y clarividencia”, Modi obtuvo de Putin mucho más de lo que esperaba: la promesa de un suministro ininterrumpido de combustibles, pese a la presión de Washington para que India deje de comprar crudo ruso con el que Moscú financia su guerra contra Kiev.
Antes de la pandemia, el comercio bilateral apenas rozaba los 10.000 millones de dólares. En 2024 superó los 68.700 millones, impulsado por las importaciones indias. Así, India se ha convertido en el segundo comprador de petróleo ruso después de China. En 2021, solo el 2% del crudo que compraba venía de Rusia.
Según ICRA, una agencia de calificación crediticia, gracias a los descuentos que ha tenido que ofrecer Moscú, India se ahorró entre 2022 y 2023 unos 13.000 millones de dólares en su factura energética. Mientras Rusia evadía las sanciones occidentales, las petroleras y refinerías indias hacían fortunas vendiendo gasolina y diésel a precios de mercado. Los países europeos, por su parte, recurrieron a Nueva Delhi para su suministro energético, soslayando la incómoda realidad de que el crudo ruso se procesaba en refinerías indias. En 2024, las importaciones europeas desde India crecieron un 20%.
En octubre, Donald Trump puso fin a esa dinámica al anunciar sanciones contra Lukoil y Rosneft, que juntas representan la mitad de las exportaciones rusas de crudo. Dado que son pocas las navieras dispuestas a enfrentarse a la ira de Trump, algunos analistas creen que Rusia podría dejar de exportar hasta 1,4 millones de barriles diarios en los próximos meses, en un mercado mundial ya saturado de crudo.
A ello se suman los ataques ucranianos contra refinerías rusas, que han reducido entre un 7% y un 10% su producción. Antes de viajar a Nueva Delhi, Putin declaró a India Today que la cooperación energética se mantendría pese a los…

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